The Fort Worth Press - Un capellán para vivos y muertos en el campo de batalla en Ucrania

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Un capellán para vivos y muertos en el campo de batalla en Ucrania
Un capellán para vivos y muertos en el campo de batalla en Ucrania / Foto: © AFP

Un capellán para vivos y muertos en el campo de batalla en Ucrania

El capellán Mikola Bagirov coloca trozos de pan consagrado sobre un altar instalado detrás de una red de camuflaje en un bosque del noreste de Ucrania, a decenas de kilómetros del frente.

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A su alrededor se alinean soldados ucranianos, que salen de entre los pinos circundantes.

"Queridos hermanos y hermanas, la liturgia durará unas tres horas. Si a alguien le da hambre y come un poco de salchicha, ¡solo asegúrense de que yo no lo vea!", dice Bagirov, señalando con la cabeza la comida apilada sobre una mesa.

Por suerte para los presentes el servicio matutino dura alrededor de una hora.

El sacerdote greco-católico de 39 años, de cabello castaño rojizo muy corto, siempre trae consigo bromas y comida cuando visita a grupos militares. Un truco que, según aprendió, ayuda a ganarse a una audiencia a veces difícil.

Como cientos de clérigos que se unieron a unidades militares después de la invasión rusa en febrero de 2022, Bagirov enfrenta el desafío diario de propagar la fe en medio del conflicto más mortífero de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

"Nadie estudió para esto, nadie está preparado. Nunca pensé que llevaría un uniforme y luego otro. Fue muy difícil al principio. No sabía cómo acercarme a la gente, cómo elegir mis palabras, ni siquiera a dónde ir", relata.

Ahora predica en la región nororiental de Járkov junto a la 33ª brigada mecanizada independiente, a más de 1.000 kilómetros de su hogar en los montes Cárpatos.

Creció en una comunidad greco-católica que las autoridades soviéticas, al igual que hicieron con las demás religiones, habían prohibido.

Los oficios religiosos se celebraban clandestinamente en casas particulares, tradición que continuó incluso después de la caída de la Unión Soviética.

Para el joven Bagirov eso otorgaba a la religión un aura de misterio. Le impresionaban los sacerdotes que regresaban de los campos de prisioneros del Gulag con su fe intacta.

"Fue una experiencia profunda de fe, y probablemente esa sea la fuerza que me impulsa", dice a la AFP.

Los greco-católicos reconocen la autoridad del papa de Roma, pero celebran la misa según el rito oriental, como las iglesias ortodoxas.

- "No quiero enterrar a nadie más" -

Alrededor del 70% de los ucranianos se consideran creyentes. La mayoría son ortodoxos, pero cerca del 12% son greco-católicos, según la encuestadora Razumkov Centre.

Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, no pasó mucho tiempo antes de que los primeros cuerpos de soldados caídos comenzaran a llegar a la parroquia de Mikola Bagirov.

La iglesia celebraba un funeral tras otro, recuerda.

Decidió unirse al servicio de capellanía militar cuando una salva de disparos durante un entierro asustó a las hijas de un soldado fallecido.

"Las niñas se asustaron y se aferraron a su madre mientras su padre yacía allí, muerto. Cuando vi esa escena, cuando vi lo aterradas que estaban, pensé: se acabó", describe. "No quiero enterrar a nadie más. Prefiero estar aquí con los muchachos, reír con ellos, hablar con ellos y verlos vivos", insiste.

Alrededor de 1.700 personas de 13 organizaciones religiosas diferentes forman parte del servicio de capellanía del ejército ucraniano.

Bagirov aprendió rápidamente que sus funciones van más allá de las de de un guía espiritual. La gente recurre a él para que le ayude con cosas prácticas, como consultar a un médico, problemas legales o financieros.

"¡Al principio no sabía nada!", confiesa.

En una ocasión un soldado estaba angustiado porque su madre, que vivía sola, no podía reparar unas tuberías de calefacción. Bagirov llamó a un capellán local, quien a su vez contactó al alcalde de la localidad, que acompañó a unos fontaneros para solucionar el problema.

"Los soldados saben que nos preocupamos no solo por ellos, sino también por sus familiares que están en casa", explica.

- Odiar a Dios -

En el frente, el dolor de la guerra -con decenas de miles de soldados y civiles muertos- pone a prueba la fe de los combatientes ucranianos.

"Llevan el odio hacia Dios en su interior porque su compañero de armas murió", comenta Bagirov a la AFP.

Frente a esto, él les propone que sean honestos. Honestos con Dios.

"Deben decirle a Dios la verdad. Siempre pienso que discutir con Dios incluso puede convertirse en una mejor oración", enfatiza.

Al comienzo de la guerra, solía conducir hasta el frente para consolar a los soldados. Pero como los drones invadieron el cielo del campo de batalla, ahora se mantiene a distancia y realiza servicios religiosos en línea o habla por teléfono con los soldados.

Antes de que nuevas tropas salgan en una rotación, Bagirov suele intentar verlas y animarlas a rezar.

"Cuando regresan de las posiciones de combate, son ellos quienes me hablan de Dios. Es al revés", subraya.

T.Gilbert--TFWP