Pulseras térmicas, madrugar e hidratarse: cómo España sigue trabajando cuando aprieta el calor
Cuando la temperatura corporal sube peligrosamente, las pulseras térmicas de los trabajadores al aire libre en Barcelona emiten un aviso para que descansen. Esta y otras medidas, como arrancar más temprano la jornada o tomar pausas para hidratarse, buscan proteger a los trabajadores del calor extremo en España.
En primera línea del cambio climático, España está acostumbrada a las altas temperaturas, pero las cada vez más frecuentes e intensas olas de calor obligan a una mejor adaptación, luego de varias muertes de trabajadores ligadas al clima en los últimos años.
Todavía no son las 10H00 de la mañana y el sol calienta ya con fuerza mientras Antonio Reina siega en un jardín de Barcelona. Lleva una de las 1.400 pulseras térmicas que el Ayuntamiento repartió este año entre sus trabajadores al aire libre.
"Es un elemento más de seguridad. Como se supone que pita antes de que tú tengas síntomas, te permite salirte de la zona de trabajo donde estés, beber agua, ponerte a la sombra", explica a la AFP este operario de 54 años.
Estos dispositivos, que recuerdan a un reloj digital sin pantalla, poseen un sensor que detecta la temperatura corporal y alerta con una luz roja y sonido si el trabajador se aproxima a valores peligrosos que pudieran derivar en un golpe de calor.
Este año, además, se han adelantado y acortado todavía más los horarios estivales para estos empleados, que siguen un protocolo que incluye pausas periódicas de hidratación, gorras refrescantes y la disposición de no trabajar solos.
- "Imposible trabajar" -
En Madrid, donde las olas de calor disparan las temperaturas por encima de 38ºC, los trabajadores de la empresa de Eli de Sousa, que instala paneles solares, comienzan la jornada "un poco más temprano, a las 7 am", porque deben parar "sí o sí a la 1 pm, porque es imposible trabajar".
Además, "tenemos una neverita (con agua) para estar hidratados en todo momento", y si "el calor está demasiado" intenso, "paramos e intentamos recuperar el tiempo otro día", señala este brasileño de 41 años.
Cada cierto "tiempo, tenemos que bajar a refrescarnos un poquito, a hidratarnos", dice de su lado Juan Carlos Rodríguez, que instala equipos en azoteas, en referencia a lo dispuesto por la empresa de telecomunicaciones que lo emplea.
"Nosotros que trabajamos en altura tenemos que tener el arnés y todo el equipo. Entonces, claro, llega un momento que necesitas bajarte, refrescarte, quitarte el arnés", explica este hombre de 56 años, mientras bebe un refresco protegido del sol en la parte trasera de su furgoneta.
Desde los años noventa, España tiene una normativa por la que la temperatura en los lugares de trabajo cerrados no debe superar los 27 ºC. Esto no necesariamente se cumple siempre, a juzgar por las recientes denuncias por altas temperaturas en algunos centros educativos.
En julio de 2022, un operario de 60 años que limpiaba las calles en Madrid murió por un golpe de calor, un fenómeno en el que el cuerpo se recalienta, recuerda Carmen Mancheño, coordinadora de salud laboral en el sindicato Comisiones Obreras (CCOO).
"Eso activó a la población, a la sociedad y también al Gobierno", que aprobó en 2023 una normativa que obliga a los empleadores "a adaptar su jornada de trabajo para evitar que en las horas donde haya mayor exposición (al calor) se realicen tareas al aire libre".
La normativa exige tener un protocolo ante alertas de la agencia estatal de meteorología naranjas y rojas por calor, para adecuar las condiciones de trabajo.
- Cumplimiento desigual -
Una directiva de amplio cumplimiento en la construcción y los servicios urbanos de limpieza, pero "poco" respetada en otros sectores, admite Mancheño.
Por otro lado, los permisos climáticos, instituidos a raíz de las mortíferas inundaciones de 2024 en Valencia, que permiten ausentarse del trabajo ante fenómenos meteorológicos adversos, son de difícil aplicación porque en principio una ola de calor no imposibilita ir a trabajar, señala.
Solo queda "beber agua, echarte fru fru (agua en la cara con un rociador) y aguantar (...), no hay otra", afirma Fernando García, de 64 años, quien abre todos los días su kiosko de helados en la céntrica Gran Vía de Madrid, aunque el calor sea sofocante.
"En el siglo XXI, nadie debe enfermar ni morir en su puesto de trabajo", afirmó recientemente la ministra del Trabajo, Yolanda Díaz, cuyo ministerio duplicó las sanciones a empresas por infracciones relacionadas con el calor, pasando de 706.419 euros en 2022 a casi 1,6 millones en 2025, señal de que todavía falta tarea por hacer.
J.P.Cortez--TFWP