The Fort Worth Press - Del mar a La Scala de Milán: una nueva vida para los barcos de migrantes

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Del mar a La Scala de Milán: una nueva vida para los barcos de migrantes
Del mar a La Scala de Milán: una nueva vida para los barcos de migrantes / Foto: © AFP

Del mar a La Scala de Milán: una nueva vida para los barcos de migrantes

Violines fabricados con la madera de barcos de migrantes llegados a la isla italiana de Lampedusa resuenan en el teatro de La Scala de Milán, en un homenaje para dar voz a quienes murieron ahogados en el Mediterráneo huyendo de la guerra o el hambre.

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Confeccionadas por detenidos con madera recuperada de sus embarcaciones precarias, estos coloridos "violines del mar" perpetúan la memoria de los desaparecidos que no consiguieron llegar a este islote italiano frente a las costas africanas.

Rico en emociones, el concierto de la "Orquestra del Mar" incluyó obras de Bach y Vivaldi y recibió un largo aplauso de los espectadores.

En un hecho inédito, dos presos de la cárcel de alta seguridad cercana a Milán, los maestros artesanos de estos "violines del mar", siguieron el concierto desde el "palco reale" generalmente reservado para dignatarios.

"Ser invitado a La Scala para algo que hemos creado es mágico", decía uno de ellos, Claudio, impecable con un traje negro y una camisa blanca.

Condenado a cadena perpetua por doble homicidio, este hombre de 42 años es uno de los cuatro aprendices de lutier de la cárcel.

Con sus manos, la madera fisurada y empapada de combustible de los buques usados por los migrantes se transforma en violines, violas y violoncelos a los que la "Orquesta del Mar" les da una nueva vida.

- Violines que huelen a mar -

"Damos voz a todo aquello que habitualmente es desechado: la madera despedazada de los barcos, los migrantes que huyen de la guerra y la miseria y son tratados como desechos y los presos a quienes no damos una segunda oportunidad", explica Arnoldo Mosca Mondadori, instigador del proyecto.

Como presidente de la fundación Casa del Espíritu y de las Artes aspira a que los "violines del mar" resuenen en otros teatros de Europa "para tocar el alma de la gente ante el drama de la pobreza".

El Mediterráneo Central es la ruta migratoria más mortífera del mundo: en 2023 se registraron 2.498 muertes o desapariciones, un 75% más que el año anterior.

En un cercado de la prisión de Opera, las barcas destartaladas se amontonan sobre la maleza, en medio de un revoltijo de tablones de madera.

A bordo de ellas iban recién nacidos como atestiguan un zapato de bebé blanco y rosa, un biberón, pañales o una diminuta camiseta verde recuperados de sus bodegas.

Prendas de ropa petrificadas por la sal, botellas de agua vacías, bidones llenos de arena y cámaras de aire usados como chalecos salvavidas, abandonados antes del desembarco, evocan imágenes de migrantes hacinados en embarcaciones precarias azotadas por el mar.

"Sentimos el mar aquí, su olor es muy fuerte y te transporta muy lejos. Incluso en los instrumentos está todavía presente, pero es más ligera", explica Andrea, preso de 49 años, ocupado en desguazar los buques y elegir las maderas que pueden usarse para la confección de violines.

- "Redención" -

Con cara redonda y ojos risueños, Andrea también cumple una condena de por vida por doble homicidio. Para él, la profesión de lutier descubierta en la cárcel es una "redención".

"En prisión, el tiempo no pasa. Pero aquí te sientes vivo y útil", asegura.

En el taller, una pequeña sala sombría con barrotes en las ventanas, Nicolae, un rumano de 41 años encarcelado desde 2013, corta un trozo de madera con la sierra y toma medidas antes de tallar minuciosamente la caja de resonancia.

"Al construir violines, me siento como otro Nico, me siento renacer", dice este hombre barbudo.

Gubias, navajas, cinceles, sierras y cepillos están alineados en un tablero de herramientas fijado a una pared decorada con una cruz. Potencialmente pueden ser usadas como armas en el centro penitenciario, por lo que los guardias de seguridad hacen inventario después de cada jornada.

De pie frente al taller, el maestro lutier Enrico Allorto explica que ha recurrido a un método ancestral del siglo XVI que permite "curvar la madera en vez de vaciarla" y así mantener el barniz de los barcos.

No son Stradivarius, reconoce. "Tienen un timbre más apagado, pero tienen su encanto y reproducen toda la gama de sonidos", explica.

Además, "generan emociones en los músicos que, a su vez, las transmiten al público".

J.P.Cortez--TFWP