The Fort Worth Press - Guerra Iraní sacude Mercados

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Guerra Iraní sacude Mercados




El estallido del conflicto directo entre Irán y una coalición liderada por Estados Unidos e Israel ha desatado una tormenta perfecta en los mercados internacionales. A finales de febrero, los ataques aéreos coordinados contra instalaciones militares y nucleares iraníes acabaron con el líder supremo del país y desencadenaron una respuesta inmediata. Irán respondió con misiles y drones contra bases estadounidenses e israelíes en el Golfo Pérsico y, a través de su Guardia Revolucionaria, advirtió que prohibiría el paso de embarcaciones por el Estrecho de Ormuz, la principal arteria marítima del comercio de petróleo.

Desde el cierre de este estrecho, por el que transita cerca del 20 % del petróleo transportado por mar, más de 150 barcos esperaron fondeados y el tráfico de hidrocarburos cayó prácticamente a cero. Solo buques de países como China, India o Arabia Saudí con destino a la India han podido cruzar. La interrupción inmediata del suministro provocó que el precio del Brent superara los 100 dólares por barril y alcanzara picos de 126 dólares, mientras que el gas natural licuado también se disparó.

La región Asia‑Pacífico, que depende del estrecho para importar la mayor parte de su crudo, ha sido la primera en sentir el golpe. El índice Kospi de Corea del Sur se desplomó un 12 % en un solo día, su mayor caída histórica, y otras plazas asiáticas sufrieron descensos del 8 % al 4 %. En Corea del Sur y Taiwán las caídas se vincularon al encarecimiento del petróleo y a la venta forzosa de acciones adquiridas con crédito, lo que puso en evidencia la fragilidad de las apuestas apalancadas. Japón, Tailandia y Hong Kong también cerraron en rojo, con pérdidas que rozaron el 3 %.

Efecto dominó en Europa: caídas bursátiles y refugio en el oro
La onda expansiva llegó rápidamente a Europa. Apenas unas horas después del dramático fin de semana de bombardeos, los principales índices europeos se tiñeron de rojo. El Euro Stoxx 50 se desplomó un 2 %, el IBEX 35 español perdió más del 2 % y el DAX alemán descendió alrededor del 1 %. La caída del Stoxx 600 en torno al 1,8 % mostró la inquietud de los inversores ante la escalada del conflicto y el estrangulamiento del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz. Las bolsas de Abu Dabi y Dubái incluso suspendieron sus operaciones durante dos días para evitar ventas de pánico.

El miedo no solo se reflejó en las bolsas. El crudo West Texas Intermediate llegó a subir hasta un 8 % y el Brent más de un 6 %, mientras que los metales preciosos repuntaron: el oro saltó un 2,5 % y la plata un 2 %. Ante la amenaza de un shock energético, analistas europeos advertían que la interrupción en el suministro energético podía empujar la inflación y obligar a los bancos centrales a reconsiderar sus recortes de tipos. Al mismo tiempo, voces críticas recordaron que las economías desarrolladas dependen menos del petróleo que en décadas anteriores, pero admitieron que un bloqueo prolongado complicaría la recuperación.

Hundimiento del crédito privado: alarma en Wall Street
Mientras los mercados de acciones temblaban, la crisis impactó de lleno en un sector que había crecido de manera silenciosa: el crédito privado. Fondos como Blue Owl Capital, que gestionan deuda para empresas de mediana capitalización, se vieron obligados a restringir los retiros de su fondo OBDC II de 1 600 millones de dólares, un mecanismo conocido como gating. Esta decisión provocó un desplome del 10 % en las acciones de la firma en un solo día y arrastró a gigantes del sector como Blackstone y Apollo. En los últimos doce meses, el valor bursátil de Blue Owl se redujo en un 52 %, y en el mercado secundario aparecieron ofertas con descuentos de hasta el 35 % sobre el valor neto de los activos.

Los inversores comenzaron a cuestionar las valoraciones internas de estos fondos, cuyo negocio consiste en conceder préstamos a largo plazo financiados con aportaciones de inversores que buscan liquidez inmediata. Esta combinación de activos ilíquidos y financiación a corto plazo se volvió tóxica en el contexto de alta volatilidad. Además, buena parte de la cartera de Blue Owl se ha invertido en infraestructura de inteligencia artificial y proyectos de centros de datos, con compromisos de deuda que superan los 27 000 millones de dólares. Algunos analistas advierten de que el auge de la inteligencia artificial podría disparar las tasas de impago en el sector hasta el 15 %, un escenario que muchos consideran exagerado pero que subraya la fragilidad del mercado.

Comentarios del público: la crisis energética y la vuelta a la energía nuclear
El debate público generado por esta crisis refleja preocupación y autocrítica. Muchos europeos lamentan ahora el cierre prematuro de las centrales nucleares y recuerdan que una política energética basada exclusivamente en gas y petróleo importado los deja a merced de crisis geopolíticas. Comentarios en redes y foros se preguntan por qué se cerraron plantas atómicas “por cuestiones ecológicas” si ahora no se puede quemar gas o petróleo sin riesgo. Otros usuarios ironizan que la energía nuclear ya no parece tan mala y piden construir nuevas centrales.

Además de la crítica, también emergen voces que ven en esta crisis una oportunidad para reflexionar. Algunos ciudadanos opinan que los momentos de tensión pueden acelerar la integración europea y la elaboración de una política energética unificada. Otros señalan que las crisis pueden impulsar la inversión en fuentes renovables y en tecnologías de almacenamiento, y cuestionan la pasividad de los países del Golfo. Incluso hay quienes observan la reacción de los mercados como un recordatorio de que la economía mundial se ha vuelto extremadamente sensible a los conflictos militares.

Escenarios y desafíos de futuro
El conflicto en Irán ha puesto al descubierto las vulnerabilidades de la economía global. Una interrupción prolongada del suministro energético puede elevar los precios del petróleo por encima de los 180 dólares por barril, según algunos pronósticos, y desencadenar presiones inflacionarias que obliguen a los bancos centrales a subir los tipos de interés. Europa y Asia, que dependen del Estrecho de Ormuz para gran parte de sus importaciones de crudo y gas, podrían entrar en recesión si los precios energéticos se mantienen al alza.

Al mismo tiempo, la fragilidad del sector de crédito privado —con activos ilíquidos financiados con capital de inversores minoristas— se asemeja a una bomba de tiempo. La restricción de los rescates por parte de Blue Owl ha generado temores a una salida en masa y ha puesto en tela de juicio la capacidad de estas firmas para valorar adecuadamente sus carteras. La caída de sus acciones y la venta de participaciones con fuertes descuentos demuestran que la confianza se ha erosionado.

En este entorno incierto, los responsables políticos afrontan un equilibrio difícil. Deben garantizar el suministro energético, controlar la inflación y evitar que se propague una crisis financiera. Las señales de alarma que proceden de los mercados europeos y asiáticos, junto con el nerviosismo en Wall Street, confirman que una guerra en el Golfo Pérsico puede desencadenar una crisis global si no se gestiona con prudencia. Al mismo tiempo, las voces ciudadanas que abogan por una política energética más diversificada y segura podrían influir en las decisiones de los gobiernos en los próximos años.