The Fort Worth Press - ¿Se repite la burbuja de IA?

USD -
AED 3.673097
AFN 64.500451
ALL 81.34983
AMD 369.279941
ANG 1.789884
AOA 917.999922
ARS 1395.624804
AUD 1.38259
AWG 1.8
AZN 1.701457
BAM 1.66265
BBD 2.014749
BDT 122.739232
BGN 1.668102
BHD 0.377297
BIF 2976
BMD 1
BND 1.266375
BOB 6.912147
BRL 4.940497
BSD 1.000319
BTN 94.284014
BWP 13.393294
BYN 2.82688
BYR 19600
BZD 2.011842
CAD 1.36364
CDF 2315.999651
CHF 0.778795
CLF 0.022624
CLP 890.409986
CNY 6.80185
CNH 6.80419
COP 3741.06
CRC 458.882886
CUC 1
CUP 26.5
CVE 94.225027
CZK 20.693601
DJF 177.719797
DKK 6.36078
DOP 59.549955
DZD 132.081898
EGP 52.718598
ERN 15
ETB 157.29611
EUR 0.85121
FJD 2.212022
FKP 0.735472
GBP 0.736385
GEL 2.679994
GGP 0.735472
GHS 11.269915
GIP 0.735472
GMD 72.999971
GNF 8777.494952
GTQ 7.638065
GYD 209.28562
HKD 7.83245
HNL 26.609557
HRK 6.415902
HTG 131.015429
HUF 303.388008
IDR 17333.35
ILS 2.901355
IMP 0.735472
INR 94.411098
IQD 1310
IRR 1312899.999774
ISK 122.410095
JEP 0.735472
JMD 157.559837
JOD 0.708961
JPY 156.657496
KES 129.149891
KGS 87.420497
KHR 4012.517817
KMF 419.000263
KPW 900.010907
KRW 1456.689972
KWD 0.307879
KYD 0.833606
KZT 463.246483
LAK 21949.999902
LBP 89549.999964
LKR 322.106516
LRD 183.449924
LSL 16.369859
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.329955
MAD 9.142501
MDL 17.210233
MGA 4165.000253
MKD 52.491304
MMK 2099.841446
MNT 3580.445259
MOP 8.06845
MRU 39.935026
MUR 46.710186
MVR 15.455027
MWK 1742.000354
MXN 17.261435
MYR 3.910167
MZN 63.900068
NAD 16.369724
NGN 1360.640193
NIO 36.705012
NOK 9.29575
NPR 150.856686
NZD 1.67956
OMR 0.384501
PAB 1.00031
PEN 3.457501
PGK 4.340234
PHP 60.448026
PKR 278.600215
PLN 3.59908
PYG 6122.509702
QAR 3.642967
RON 4.480181
RSD 99.89701
RUB 74.662723
RWF 1460.5
SAR 3.775297
SBD 8.032258
SCR 14.060977
SDG 600.47226
SEK 9.246535
SGD 1.26803
SHP 0.746601
SLE 24.605582
SLL 20969.496166
SOS 571.502518
SRD 37.431018
STD 20697.981008
STN 21.275
SVC 8.752758
SYP 110.548305
SZL 16.370219
THB 32.2515
TJS 9.348017
TMT 3.51
TND 2.869499
TOP 2.40776
TRY 45.247197
TTD 6.76678
TWD 31.3943
TZS 2597.502706
UAH 43.802978
UGX 3741.312987
UYU 39.99779
UZS 12125.000044
VES 496.20906
VND 26310
VUV 118.093701
WST 2.711513
XAF 557.627717
XAG 0.012556
XAU 0.000212
XCD 2.70255
XCG 1.80278
XDR 0.694413
XOF 556.497009
XPF 101.895554
YER 238.606151
ZAR 16.41005
ZMK 9001.209585
ZMW 19.055796
ZWL 321.999592

¿Se repite la burbuja de IA?




En el cambio de siglo, la burbuja de las puntocom arrasó con un valor de mercado de 1,7 billones de dólares y provocó que la economía mundial perdiera unos 5 billones. Aquella euforia bursátil se alimentó de empresas sin beneficios, modelos de negocio basados en publicidad y valoraciones que superaban con creces los ingresos reales. Más de dos décadas después, un nuevo furor tecnológico —liderado por la inteligencia artificial (IA)— hace que muchos se pregunten si la historia está a punto de repetirse. El repunte de las acciones tecnológicas en 2025, impulsado por un grupo de gigantes que representan casi el 30 % del índice S&P 500, y el crecimiento explosivo de las inversiones en IA están avivando comparaciones con el pasado.

Inversión masiva y preocupación por el gasto
Las cifras respaldan el temor de una nueva burbuja. Las mayores compañías tecnológicas han comprometido unos 440 000 millones de dólares en gastos de capital para reforzar sus centros de datos y procesar modelos de IA. OpenAI, la empresa que popularizó los grandes modelos de lenguaje, ha firmado acuerdos que implican un gasto superior a un billón de dólares en infraestructura, mientras que otras como Anthropic y Databricks han captado financiaciones multimillonarias que elevan sus valoraciones a centenares de miles de millones. La consecuencia es que las firmas de capital riesgo han invertido en startups de IA 258 700 millones de dólares en 2025, lo que representa el 61 % de toda la inversión global en capital riesgo.

Este frenesí recuerda a los excesos de los años noventa, pero hay diferencias notables. Las valoraciones de referencia siguen siendo elevadas —el S&P 500 cotiza a unas 23 veces los beneficios estimados, niveles no vistos desde la burbuja de las puntocom—, aunque están lejos de los 60 veces de 2000. Además, las grandes empresas de IA generan beneficios reales y cuentan con márgenes de explotación sólidos, a diferencia de muchas puntocom que nunca fueron rentables. Sin embargo, la preocupación persiste: en octubre de 2025, más de la mitad de los gestores de fondos encuestados consideraban que las acciones vinculadas a la IA se encontraban en territorio de burbuja y advertían de una posible corrección significativa entre 2026 y 2028.

Concentración y riesgos de crédito
La concentración del mercado es otro signo de posible inestabilidad. En el índice S&P 500, los 10 mayores valores representan cerca del 40 % del total, un nivel que no se veía desde la década de 1960. Empresas como Nvidia han multiplicado su valor hasta alcanzar cerca de 4,3 billones de dólares de capitalización bursátil en febrero de 2026 y cotizan a 47 veces sus beneficios. Algunos críticos señalan que una parte del crecimiento está inflada por estructuras financieras complejas y circulares, en las que los proveedores de capacidad de cómputo venden servicios a las mismas empresas que los financian. Estas relaciones pueden generar ingresos artificiales y se volverán vulnerables si cambian las condiciones de financiación.

Los riesgos también se esconden en el endeudamiento. El auge de la IA ha alentado a corporaciones como Oracle a emitir miles de millones en bonos, lo que provocó caídas notables de sus acciones tras las colocaciones. Algunos analistas temen que la necesidad de captar capital para financiar la carrera de la IA pueda desencadenar tensiones en los mercados de crédito y que la corrección llegue de la mano de un endurecimiento monetario.

Señales de alarma y matices históricos
Históricamente, las grandes innovaciones tecnológicas han dado lugar a burbujas financieras que posteriormente se han desinflado. Estudios de más de 300 burbujas muestran que los mercados tienden a regresar a su tendencia de largo plazo y que las divergencias extremas siempre terminan corrigiéndose. El auge de la IA se ajusta a este patrón: el lanzamiento de ChatGPT en 2022 reavivó un mercado bajista y actuó como “cohete multietapa” que impulsó las acciones tecnológicas. Sin embargo, los expertos destacan que hoy existen diferencias estructurales: la IA ya está ampliamente integrada en la economía —el 71 % de las organizaciones utilizan modelos generativos en algún proceso— y las ganancias de productividad son reales. Los niveles de deuda son menores que en 2000 y la mayoría de los líderes del sector obtiene beneficios.

Voces del público y el debate social
Más allá de los datos, el debate sobre una posible burbuja de la IA ha penetrado en la sociedad. En foros y redes sociales abundan comentarios de desarrolladores y profesionales que utilizan la IA como una herramienta auxiliar y desconfían de las expectativas exageradas; algunos la comparan con las “criptoburbujas” de años recientes y alertan del número de especuladores atraídos por la moda. Hay quien denuncia que se han invertido miles de millones en generadores de imágenes y chatbots mientras se prometía curar el cáncer y resolver grandes problemas sociales. Otros señalan el enorme consumo energético de los modelos de IA y la vulnerabilidad de las cadenas de suministro: la crisis en el estrecho de Ormuz, afirman, podría encarecer aún más la electricidad que alimenta los centros de datos.

Algunos comentaristas creen que la verdadera burbuja aún no ha comenzado, precisamente porque muchos inversores desconfían y actúan con cautela. Para ellos, la burbuja se inflará cuando el escepticismo desaparezca y el público compre sin reservas. Otros creen que la IA salió al mercado demasiado pronto, con modelos todavía inmaduros y hardware caro, y que hubiera sido más sensato esperar a que la tecnología madurara y se aplicara en áreas específicas donde aporta valor claro. No faltan quienes temen que, si se produce una corrección brusca, los gobiernos terminarán rescatando a las empresas afectadas con dinero de los contribuyentes. Estas opiniones reflejan un sentimiento generalizado de precaución y cansancio ante la promoción excesiva.

¿Repetición o nueva era?
Por todo ello, la pregunta de si estamos ante la mayor burbuja tecnológica de la historia no admite una respuesta simple. Los indicadores de valoración y la rapidez de la inversión sugieren un entorno de exuberancia que podría desembocar en un ajuste severo. Sin embargo, las diferencias respecto a la burbuja de las puntocom —beneficios reales, adopción generalizada y fundamentos más sólidos— hacen pensar que, en caso de corrección, será selectiva y no necesariamente sistémica. El reto para gobiernos, empresas e inversores será gestionar el equilibrio entre innovación y prudencia, evitando caer en el mismo entusiasmo irracional que caracterizó a la burbuja de 2000. Por ahora, la historia ofrece una advertencia: las innovaciones transformadoras suelen venir acompañadas de manías financieras, y aunque el desenlace puede ser doloroso, también puede dar paso a un ecosistema más sólido y sostenible.