The Fort Worth Press - Trump recula en Groenlandia

USD -
AED 3.672498
AFN 66.000037
ALL 81.915831
AMD 380.151858
ANG 1.79008
AOA 917.000343
ARS 1451.993897
AUD 1.426605
AWG 1.8
AZN 1.696692
BAM 1.655536
BBD 2.022821
BDT 122.831966
BGN 1.67937
BHD 0.377009
BIF 2987.661537
BMD 1
BND 1.276711
BOB 6.964795
BRL 5.261804
BSD 1.004342
BTN 91.842522
BWP 13.228461
BYN 2.875814
BYR 19600
BZD 2.019858
CAD 1.36614
CDF 2154.999851
CHF 0.778198
CLF 0.021907
CLP 865.000194
CNY 6.946499
CNH 6.93573
COP 3629
CRC 498.70812
CUC 1
CUP 26.5
CVE 93.33655
CZK 20.57685
DJF 178.843207
DKK 6.323803
DOP 63.484264
DZD 129.884
EGP 47.110302
ERN 15
ETB 156.676691
EUR 0.84679
FJD 2.200301
FKP 0.729754
GBP 0.73029
GEL 2.695
GGP 0.729754
GHS 11.012638
GIP 0.729754
GMD 73.497835
GNF 8819.592694
GTQ 7.706307
GYD 210.120453
HKD 7.81365
HNL 26.532255
HRK 6.378898
HTG 131.728867
HUF 322.652002
IDR 16773
ILS 3.09245
IMP 0.729754
INR 90.42375
IQD 1315.670299
IRR 42125.000158
ISK 122.959549
JEP 0.729754
JMD 157.811362
JOD 0.709035
JPY 155.446502
KES 129.549946
KGS 87.450357
KHR 4046.744687
KMF 417.999856
KPW 900
KRW 1449.169755
KWD 0.30725
KYD 0.836906
KZT 507.178168
LAK 21598.652412
LBP 89531.701448
LKR 311.010475
LRD 186.300651
LSL 16.079552
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.345176
MAD 9.158604
MDL 17.00314
MGA 4482.056104
MKD 52.191104
MMK 2099.986463
MNT 3564.625242
MOP 8.079484
MRU 39.911729
MUR 45.889885
MVR 15.45017
MWK 1742.758273
MXN 17.345904
MYR 3.939502
MZN 63.750038
NAD 16.079688
NGN 1400.539715
NIO 36.985739
NOK 9.678155
NPR 147.062561
NZD 1.656635
OMR 0.384501
PAB 1.004342
PEN 3.382683
PGK 4.306869
PHP 58.897503
PKR 281.341223
PLN 3.572885
PYG 6677.840135
QAR 3.671415
RON 4.314696
RSD 99.463976
RUB 76.46361
RWF 1469.427172
SAR 3.750148
SBD 8.058101
SCR 14.856833
SDG 601.515223
SEK 8.93992
SGD 1.270125
SHP 0.750259
SLE 24.474991
SLL 20969.499267
SOS 574.437084
SRD 38.024958
STD 20697.981008
STN 20.754973
SVC 8.788065
SYP 11059.574895
SZL 16.083999
THB 31.487986
TJS 9.380296
TMT 3.51
TND 2.897568
TOP 2.40776
TRY 43.496835
TTD 6.79979
TWD 31.579502
TZS 2579.039813
UAH 43.28509
UGX 3587.360437
UYU 38.963238
UZS 12278.117779
VES 371.640565
VND 26019.5
VUV 119.156711
WST 2.710781
XAF 555.683849
XAG 0.011992
XAU 0.000207
XCD 2.70255
XCG 1.81001
XDR 0.691072
XOF 555.251107
XPF 100.950591
YER 238.374977
ZAR 15.984975
ZMK 9001.201218
ZMW 19.709321
ZWL 321.999592

Trump recula en Groenlandia




La nueva ofensiva de Washington sobre Groenlandia comenzó poco después de la reelección de Donald Trump en 2024. El mandatario recuperó una idea que había flotado en su primer mandato: que Estados Unidos debía adquirir la isla más grande del mundo, territorio autónomo de Dinamarca, porque supuestamente era vital para la seguridad nacional y para contener la influencia de Rusia y China en el Ártico. A partir de ese momento el tema pasó de ocurrencia a prioridad presidencial y en enero de 2026 el mundo contempló el súbito recrudecimiento de esa tensión.

Una escalada provocada desde Washington
En las primeras semanas de 2026, Trump endureció el tono frente a Dinamarca y a sus aliados europeos. No solo insinuó la posibilidad de adquirir Groenlandia “por las buenas o por las malas”; también amenazó con aranceles del 10 % a productos de ocho países europeos a partir de febrero y con elevarlos al 25 % en junio si no se negociaba la venta. La presión incluyó advertencias veladas sobre un posible uso de la fuerza y un llamado a que los europeos asumieran que solo Estados Unidos podía proteger la isla.

Sus mensajes se justificaban en la narrativa de que Dinamarca es incapaz de defender su territorio frente a potencias rivales y de que un acuerdo sería beneficioso para todos. Sin embargo, la respuesta en Europa fue de rechazo rotundo. El gobierno danés repitió que Groenlandia no está en venta; dirigentes del Parlamento europeo acusaron a Washington de chantaje y suspendieron la ratificación de un tratado comercial con EE. UU.; y los primeros ministros de los países afectados declararon que no permitirán la ruptura del derecho internacional.

Las declaraciones de Trump también encontraron oposición en casa. Legisladores estadounidenses y expertos en derecho señalaron que una anexión por la fuerza violaría la Constitución y el derecho internacional. Incluso miembros de su propio partido recordaron que Estados Unidos mantiene desde 1951 un acuerdo de defensa con Dinamarca que les concede amplios derechos de uso de bases y radares en Groenlandia, por lo que comprar el territorio no aportaría ventajas estratégicas adicionales.

El impacto en los mercados y la presión de la OTAN
La escalada tuvo un efecto inmediato en los mercados. La simple amenaza de aranceles contra aliados provocó caídas en las bolsas europeas y volatilidad en Wall Street. Los inversores temían que un nuevo frente de guerra comercial se sumara a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y Asia. Analistas financieros señalaron que el riesgo no era tanto Groenlandia en sí, sino la incertidumbre que generaba un presidente dispuesto a sacrificar el orden comercial transatlántico para lograr su objetivo. La VIX, indicador del nerviosismo de los inversores, alcanzó su nivel más alto desde noviembre de 2025.

A este panorama se añadió la dimensión militar. La idea de apoderarse de un territorio de Dinamarca planteaba un dilema casi inédito para la OTAN: si un miembro ataca a otro, ¿se aplicaría el artículo 5 del tratado, que obliga a la defensa colectiva? Expertos en seguridad señalaron que una acción así habría resquebrajado el principio fundamental de la alianza y debilitado la capacidad de Estados Unidos de proyectar su poder en Europa, Asia y Oriente Medio. La sola posibilidad de tener que elegir entre Groenlandia y la OTAN generó inquietud en el Pentágono y entre los aliados.

El giro en Davos: de la amenaza al acuerdo
Frente al creciente malestar internacional y la presión interna, el presidente Trump aprovechó el escenario del Foro Económico Mundial en Davos para recalibrar su estrategia. En un discurso de más de una hora, en el que se mezclaron elogios a la era colonial europea y arrebatos contra sus socios comerciales, anunció que no usaría la fuerza para tomar Groenlandia. Horas después, tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, informó en su red social que habían acordado un “marco de acuerdo” sobre el Ártico y que, en consecuencia, cancelaba los aranceles programados para febrero.

Este gesto fue recibido como un respiro. Las bolsas repuntaron con fuerza y los analistas interpretaron el mensaje como una señal de coordinación, no de confrontación. Trump aseguró que el marco negociado incluye la instalación del sistema de defensa antimisiles conocido como Cúpula Dorada en territorio groenlandés y la obtención de derechos mineros para Estados Unidos, aunque no aclaró si implicaría la cesión de soberanía. El gobierno danés remarcó que la isla seguiría siendo parte de su reino y que cualquier acuerdo debía contar con el consentimiento de Groenlandia, cuyas autoridades reiteraron que no aceptarían un trato sin su participación.

El riesgo oculto que obligó a recular
Más allá de las tensiones diplomáticas, hubo un riesgo que forzó el viraje de la Casa Blanca: la amenaza de fracturar la arquitectura de seguridad occidental. Analistas del ámbito militar y diplomático advirtieron que insistir en una anexión llevaría a otros miembros de la OTAN a cuestionar su compromiso con Estados Unidos. La alianza transatlántica garantiza el acceso a bases, espacios aéreos y cooperación en inteligencia que permiten a Washington desplegar tropas y proyectar su fuerza en todo el mundo. Sin ese apoyo, EE. UU. perdería capacidad para responder en África, Oriente Medio o el Indo‑Pacífico y se vería reducido a un actor regional.

Al mismo tiempo, la posibilidad de un conflicto entre aliados podría haber servido a los intereses de Rusia y China, que buscan ampliar su influencia en el Ártico. Moscú ha reforzado su presencia militar en el norte y Beijing ha mostrado interés en invertir en infraestructuras groenlandesas. La fractura de la OTAN facilitaría que esas potencias llenaran el vacío. También habría abierto la puerta a represalias económicas: la Unión Europea consideraba activar un instrumento contra la coerción comercial de EE. UU., un mecanismo que podría haber afectado a exportadores estadounidenses en sectores clave.

En el plano interno, la amenaza de una guerra comercial con Europa y el descontento de los mercados pusieron en peligro la recuperación económica. Muchos estadounidenses no entendían por qué arriesgar inversiones y empleos por una isla remota. Además, la Corte Suprema se preparaba para pronunciarse sobre los poderes de emergencia que Trump invocaba para imponer aranceles, y el Congreso había legislado para limitar al presidente en la retirada de tropas de Europa. El cálculo político indicaba que seguir escalando podía convertir una extravagancia en un fracaso costoso.

Hacia un compromiso incierto
El paso atrás no significó el abandono de las ambiciones estadounidenses en el Ártico. Trump sigue defendiendo que solo con la propiedad de la isla EE. UU. podrá garantizar su defensa y explotar sus recursos; insiste en que Dinamarca no puede proteger un territorio tan vasto y que la inversión estadounidense enriquecería a los groenlandeses. Pero al plegarse a un acuerdo que aborda únicamente la seguridad regional y el despliegue del escudo antimisiles, el presidente reconoció que el precio político y económico de forzar la anexión era demasiado alto.

Para Dinamarca y Groenlandia, el nuevo marco ofrece tiempo y margen para consolidar su posición. Los europeos han dejado claro que están dispuestos a fortalecer la defensa del Ártico y a permitir mayor presencia militar estadounidense, pero no cederán soberanía. Paralelamente, intensifican sus propias maniobras militares en la zona y estudian modelos de respuesta a una hipotética invasión. El Parlamento Europeo, por su parte, condiciona la reanudación del acuerdo comercial con EE. UU. a una actitud más cooperativa por parte de Washington.

La crisis ha servido de recordatorio de la importancia geopolítica del Ártico y de cómo el cambio climático, al abrir rutas marítimas y yacimientos mineros, intensifica la competencia. También ha puesto de manifiesto los límites del poder estadounidense cuando sus decisiones amenazan la cohesión de sus alianzas. Trump reculó con Groenlandia porque el riesgo de dinamitar la OTAN, encender una guerra comercial y desestabilizar los mercados pesaba más que cualquier beneficio inmediato. El episodio subraya que, en un mundo interdependiente, incluso las superpotencias deben sopesar el costo de sus ambiciones.