The Fort Worth Press - EE.UU.: ¿Ataque a Maduro?

USD -
AED 3.672498
AFN 65.490189
ALL 82.961868
AMD 378.890174
ANG 1.79008
AOA 915.99982
ARS 1435.999099
AUD 1.48903
AWG 1.8
AZN 1.708796
BAM 1.681396
BBD 2.013429
BDT 122.269504
BGN 1.67937
BHD 0.376983
BIF 2959.460447
BMD 1
BND 1.28492
BOB 6.932689
BRL 5.3555
BSD 0.999665
BTN 90.79897
BWP 13.395118
BYN 2.87753
BYR 19600
BZD 2.010514
CAD 1.386435
CDF 2174.999707
CHF 0.797185
CLF 0.022485
CLP 887.850296
CNY 6.96885
CNH 6.95626
COP 3675.81
CRC 487.196792
CUC 1
CUP 26.5
CVE 94.790458
CZK 20.862098
DJF 177.720034
DKK 6.41431
DOP 63.618154
DZD 130.117388
EGP 47.421797
ERN 15
ETB 156.003989
EUR 0.85853
FJD 2.281598
FKP 0.74795
GBP 0.74453
GEL 2.690123
GGP 0.74795
GHS 10.801377
GIP 0.74795
GMD 73.999522
GNF 8751.343219
GTQ 7.665128
GYD 209.143977
HKD 7.79655
HNL 26.363707
HRK 6.470024
HTG 130.907809
HUF 330.749946
IDR 16980.5
ILS 3.15535
IMP 0.74795
INR 90.91555
IQD 1309.588287
IRR 42125.000158
ISK 125.519754
JEP 0.74795
JMD 157.75447
JOD 0.708975
JPY 158.028501
KES 128.959994
KGS 87.450103
KHR 4026.014778
KMF 425.000376
KPW 899.999096
KRW 1472.92008
KWD 0.30796
KYD 0.833058
KZT 508.500368
LAK 21617.36955
LBP 89519.379978
LKR 309.641201
LRD 180.934245
LSL 16.472287
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 5.432194
MAD 9.214356
MDL 17.07381
MGA 4532.383069
MKD 52.863455
MMK 2099.729949
MNT 3564.034934
MOP 8.029093
MRU 39.905433
MUR 46.280036
MVR 15.459961
MWK 1733.430194
MXN 17.580304
MYR 4.055035
MZN 63.904229
NAD 16.472287
NGN 1419.360326
NIO 36.786767
NOK 10.05855
NPR 145.278696
NZD 1.725645
OMR 0.384514
PAB 0.999669
PEN 3.357749
PGK 4.270793
PHP 59.412967
PKR 279.729364
PLN 3.62685
PYG 6664.37414
QAR 3.654417
RON 4.372397
RSD 100.76099
RUB 77.500043
RWF 1457.998401
SAR 3.749866
SBD 8.123611
SCR 13.346786
SDG 601.498078
SEK 9.204675
SGD 1.284655
SHP 0.750259
SLE 24.150028
SLL 20969.499267
SOS 570.330601
SRD 38.291501
STD 20697.981008
STN 21.062767
SVC 8.746185
SYP 11059.574895
SZL 16.466856
THB 31.228027
TJS 9.316953
TMT 3.51
TND 2.928326
TOP 2.40776
TRY 43.262399
TTD 6.784819
TWD 31.558802
TZS 2525.306996
UAH 43.259399
UGX 3483.523758
UYU 38.598753
UZS 11958.390646
VES 341.315303
VND 26265
VUV 120.33514
WST 2.790189
XAF 563.931791
XAG 0.010578
XAU 0.000214
XCD 2.70255
XCG 1.801605
XDR 0.701954
XOF 563.900279
XPF 102.523103
YER 238.474935
ZAR 16.37905
ZMK 9001.207217
ZMW 20.018312
ZWL 321.999592

EE.UU.: ¿Ataque a Maduro?




El súbito incremento de activos navales estadounidenses en el Caribe y la respuesta militar de Caracas han devuelto a la primera línea una pregunta que muchos en la región habían archivado: ¿cómo sería una “Operación Venezuela” contra Nicolás Maduro? Más allá de la retórica, los movimientos recientes sugieren un esquema de coerción militar calibrada —centrado en antinarcóticos y presión político-judicial— que busca evitar una invasión clásica y, al mismo tiempo, elevar el costo de permanencia del chavismo en el poder.

El marco estratégico y legal
Washington mantiene desde 2020 acusaciones penales contra Maduro y altos cargos venezolanos por narcoterrorismo y corrupción, mientras que el andamiaje de sanciones financieras y energéticas fue reconfigurado en 2024 tras el incumplimiento de compromisos electorales. El resultado de las presidenciales de 2024 —que Caracas dio por victorioso a Maduro y la oposición denunció como fraudulento— dejó a Venezuela en una crisis de legitimidad sostenida y a Estados Unidos con incentivos para combinar presión diplomática, económica y operativa.

Qué busca EE.UU. con la presencia naval
El despliegue naval cumple varios objetivos simultáneos: (1) reforzar operaciones de interdicción contra carteles y rutas marítimas de cocaína que usan el Caribe; (2) aumentar la vigilancia y disuasión cerca del territorio venezolano; (3) disponer de una capacidad creíble de ataque de precisión de largo alcance si fuera necesario; y (4) enviar un mensaje a socios y rivales —desde Guyana hasta Irán y Rusia— de que el entorno estratégico del Caribe importa a la seguridad de EE.UU.

Capacidades de Caracas y factores de riesgo
Venezuela conserva defensas antiaéreas y una arquitectura de seguridad apoyada por asesoría de aliados extrahemisféricos. El gobierno moviliza milicias y unidades en la frontera con Colombia, mientras prioriza control territorial y supervivencia del liderazgo. En el vecindario, Brasil defiende la no intervención y la estabilidad de fronteras; Colombia busca contener derrames transfronterizos; y Guyana observa con preocupación cualquier movimiento que afecte la disputa del Esequibo. Todo ello convierte cualquier operación en un ejercicio de precisión política además de militar.

Cómo podría verse una “Operación Venezuela” (probable guion en fases)
Fase 0 — Modelado del terreno. Incremento de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) marítimo-aéreo; ciber-operaciones para penetrar redes de mando y comunicaciones; cooperación judicial para reforzar casos de extradición y congelamiento de activos.

Fase 1 — Cerco marítimo y presión antinarcóticos. Ampliación de interdicciones y “zonas de seguridad” en rutas críticas, con inspecciones a embarcaciones sospechosas, afectando ingresos ilícitos de redes ligadas al poder. Esta fase evidencia la narrativa pública de lucha contra el narcotráfico y limita escalada inmediata.

Fase 2 — Golpes de precisión limitados (si hubiera detonante). En un escenario de agresión o amenaza inminente, empleo de misiles de crucero y munición guiada para suprimir radares, pistas y nodos C2 específicos, evitando daño colateral y sin ocupación de terreno. Objetivo: degradar la capacidad de coerción del régimen y su aparato represivo.

Fase 3 — Acciones especiales y policiales. Operaciones puntuales —propias o en cooperación— para detener a individuos con acusaciones federales, desarticular células de tráfico y obtener información estratégica. El énfasis estaría en “capturar, no ocupar”.

Fase 4 — Contención y canales humanitarios. Establecimiento de corredores para asistencia, apoyo a terceros países receptores de desplazados y coordinación con organismos internacionales. Se buscaría condicionar un proceso político verificable a cambio de alivio gradual de sanciones.

Lo que probablemente NO veremos
Una invasión anfibia a gran escala o un cambio de régimen por ocupación militar directa luce improbable por coste político, riesgo regional y rechazo doméstico e internacional. Tampoco es verosímil un bloqueo total que afecte de forma indiscriminada a la población. La lógica dominante es la de “máxima presión selectiva”, con palancas militares, judiciales y financieras sincronizadas.

Efectos colaterales y líneas rojas
Cualquier escalada podría perturbar mercados energéticos, tensar la seguridad en el arco Guayana-Caribe y abrir espacio a actores extrahemisféricos. La presencia de redes ilícitas transnacionales —incluidas organizaciones designadas como terroristas— y proveedores externos de drones, inteligencia o entrenamiento, aumenta la volatilidad. Las capitales regionales han subrayado que el respeto a fronteras y la no intervención son condiciones para acompañar salidas negociadas.

La vía de salida
El desenlace menos costoso pasa por garantías verificables: calendario electoral creíble, observación internacional robusta, liberación de presos políticos y pasos humanitarios irreversibles; a cambio, alivio escalonado de sanciones y normalización económica. La acumulación de medios militares cerca de Venezuela no anticipa una guerra inevitable, sino que busca hacer creíble la amenaza de consecuencias si el statu quo se endurece.