The Fort Worth Press - EE.UU.: ¿Ataque a Maduro?

USD -
AED 3.672497
AFN 65.501194
ALL 82.873877
AMD 378.215671
ANG 1.79008
AOA 916.000318
ARS 1436.006297
AUD 1.487818
AWG 1.8
AZN 1.726387
BAM 1.679634
BBD 2.011302
BDT 122.146648
BGN 1.67937
BHD 0.376973
BIF 2956.334297
BMD 1
BND 1.283563
BOB 6.925336
BRL 5.369786
BSD 0.998609
BTN 90.703057
BWP 13.380911
BYN 2.874478
BYR 19600
BZD 2.008382
CAD 1.38648
CDF 2174.99972
CHF 0.79724
CLF 0.022484
CLP 887.790371
CNY 6.96885
CNH 6.955935
COP 3677.25
CRC 486.680064
CUC 1
CUP 26.5
CVE 94.69562
CZK 20.865697
DJF 177.822435
DKK 6.41456
DOP 63.550952
DZD 130.110385
EGP 47.418401
ERN 15
ETB 155.838529
EUR 0.85864
FJD 2.272798
FKP 0.74795
GBP 0.744855
GEL 2.689735
GGP 0.74795
GHS 10.789921
GIP 0.74795
GMD 73.999968
GNF 8742.58748
GTQ 7.657064
GYD 208.919462
HKD 7.79727
HNL 26.335858
HRK 6.470102
HTG 130.769528
HUF 331.113032
IDR 16975.95
ILS 3.15535
IMP 0.74795
INR 90.90645
IQD 1308.204943
IRR 42125.000158
ISK 125.539915
JEP 0.74795
JMD 157.589863
JOD 0.709009
JPY 157.972031
KES 128.820062
KGS 87.450547
KHR 4021.762001
KMF 424.999736
KPW 899.999096
KRW 1478.260562
KWD 0.30796
KYD 0.832174
KZT 507.961045
LAK 21594.441868
LBP 89424.434482
LKR 309.312791
LRD 180.74312
LSL 16.454887
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 5.426736
MAD 9.205098
MDL 17.055702
MGA 4527.575961
MKD 52.857554
MMK 2099.729949
MNT 3564.034934
MOP 8.020474
MRU 39.863623
MUR 46.280119
MVR 15.46013
MWK 1731.591694
MXN 17.58825
MYR 4.0535
MZN 63.909066
NAD 16.454887
NGN 1417.529894
NIO 36.748067
NOK 10.060335
NPR 145.124611
NZD 1.719379
OMR 0.384504
PAB 0.998609
PEN 3.354202
PGK 4.26652
PHP 59.504938
PKR 279.432679
PLN 3.62671
PYG 6657.391663
QAR 3.65076
RON 4.372501
RSD 100.811971
RUB 77.49971
RWF 1456.4395
SAR 3.749989
SBD 8.123611
SCR 13.338257
SDG 601.502706
SEK 9.2052
SGD 1.28549
SHP 0.750259
SLE 24.149784
SLL 20969.499267
SOS 569.728147
SRD 38.291502
STD 20697.981008
STN 21.040608
SVC 8.737397
SYP 11059.574895
SZL 16.449391
THB 31.210975
TJS 9.306991
TMT 3.51
TND 2.925246
TOP 2.40776
TRY 43.274978
TTD 6.777623
TWD 31.631965
TZS 2525.307007
UAH 43.213703
UGX 3479.844043
UYU 38.560135
UZS 11945.912754
VES 341.315301
VND 26266
VUV 120.33514
WST 2.790189
XAF 563.336096
XAG 0.01078
XAU 0.000214
XCD 2.70255
XCG 1.799694
XDR 0.700606
XOF 563.333677
XPF 102.420529
YER 238.47504
ZAR 16.387597
ZMK 9001.200517
ZMW 19.99708
ZWL 321.999592

EE.UU.: ¿Ataque a Maduro?




El súbito incremento de activos navales estadounidenses en el Caribe y la respuesta militar de Caracas han devuelto a la primera línea una pregunta que muchos en la región habían archivado: ¿cómo sería una “Operación Venezuela” contra Nicolás Maduro? Más allá de la retórica, los movimientos recientes sugieren un esquema de coerción militar calibrada —centrado en antinarcóticos y presión político-judicial— que busca evitar una invasión clásica y, al mismo tiempo, elevar el costo de permanencia del chavismo en el poder.

El marco estratégico y legal
Washington mantiene desde 2020 acusaciones penales contra Maduro y altos cargos venezolanos por narcoterrorismo y corrupción, mientras que el andamiaje de sanciones financieras y energéticas fue reconfigurado en 2024 tras el incumplimiento de compromisos electorales. El resultado de las presidenciales de 2024 —que Caracas dio por victorioso a Maduro y la oposición denunció como fraudulento— dejó a Venezuela en una crisis de legitimidad sostenida y a Estados Unidos con incentivos para combinar presión diplomática, económica y operativa.

Qué busca EE.UU. con la presencia naval
El despliegue naval cumple varios objetivos simultáneos: (1) reforzar operaciones de interdicción contra carteles y rutas marítimas de cocaína que usan el Caribe; (2) aumentar la vigilancia y disuasión cerca del territorio venezolano; (3) disponer de una capacidad creíble de ataque de precisión de largo alcance si fuera necesario; y (4) enviar un mensaje a socios y rivales —desde Guyana hasta Irán y Rusia— de que el entorno estratégico del Caribe importa a la seguridad de EE.UU.

Capacidades de Caracas y factores de riesgo
Venezuela conserva defensas antiaéreas y una arquitectura de seguridad apoyada por asesoría de aliados extrahemisféricos. El gobierno moviliza milicias y unidades en la frontera con Colombia, mientras prioriza control territorial y supervivencia del liderazgo. En el vecindario, Brasil defiende la no intervención y la estabilidad de fronteras; Colombia busca contener derrames transfronterizos; y Guyana observa con preocupación cualquier movimiento que afecte la disputa del Esequibo. Todo ello convierte cualquier operación en un ejercicio de precisión política además de militar.

Cómo podría verse una “Operación Venezuela” (probable guion en fases)
Fase 0 — Modelado del terreno. Incremento de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) marítimo-aéreo; ciber-operaciones para penetrar redes de mando y comunicaciones; cooperación judicial para reforzar casos de extradición y congelamiento de activos.

Fase 1 — Cerco marítimo y presión antinarcóticos. Ampliación de interdicciones y “zonas de seguridad” en rutas críticas, con inspecciones a embarcaciones sospechosas, afectando ingresos ilícitos de redes ligadas al poder. Esta fase evidencia la narrativa pública de lucha contra el narcotráfico y limita escalada inmediata.

Fase 2 — Golpes de precisión limitados (si hubiera detonante). En un escenario de agresión o amenaza inminente, empleo de misiles de crucero y munición guiada para suprimir radares, pistas y nodos C2 específicos, evitando daño colateral y sin ocupación de terreno. Objetivo: degradar la capacidad de coerción del régimen y su aparato represivo.

Fase 3 — Acciones especiales y policiales. Operaciones puntuales —propias o en cooperación— para detener a individuos con acusaciones federales, desarticular células de tráfico y obtener información estratégica. El énfasis estaría en “capturar, no ocupar”.

Fase 4 — Contención y canales humanitarios. Establecimiento de corredores para asistencia, apoyo a terceros países receptores de desplazados y coordinación con organismos internacionales. Se buscaría condicionar un proceso político verificable a cambio de alivio gradual de sanciones.

Lo que probablemente NO veremos
Una invasión anfibia a gran escala o un cambio de régimen por ocupación militar directa luce improbable por coste político, riesgo regional y rechazo doméstico e internacional. Tampoco es verosímil un bloqueo total que afecte de forma indiscriminada a la población. La lógica dominante es la de “máxima presión selectiva”, con palancas militares, judiciales y financieras sincronizadas.

Efectos colaterales y líneas rojas
Cualquier escalada podría perturbar mercados energéticos, tensar la seguridad en el arco Guayana-Caribe y abrir espacio a actores extrahemisféricos. La presencia de redes ilícitas transnacionales —incluidas organizaciones designadas como terroristas— y proveedores externos de drones, inteligencia o entrenamiento, aumenta la volatilidad. Las capitales regionales han subrayado que el respeto a fronteras y la no intervención son condiciones para acompañar salidas negociadas.

La vía de salida
El desenlace menos costoso pasa por garantías verificables: calendario electoral creíble, observación internacional robusta, liberación de presos políticos y pasos humanitarios irreversibles; a cambio, alivio escalonado de sanciones y normalización económica. La acumulación de medios militares cerca de Venezuela no anticipa una guerra inevitable, sino que busca hacer creíble la amenaza de consecuencias si el statu quo se endurece.