The Fort Worth Press - ¿Ataca EE.UU. a Venezuela?

USD -
AED 3.672503
AFN 65.49594
ALL 82.961868
AMD 378.88985
ANG 1.79008
AOA 915.999551
ARS 1435.9929
AUD 1.489414
AWG 1.8
AZN 1.712991
BAM 1.681396
BBD 2.013429
BDT 122.269504
BGN 1.67937
BHD 0.377015
BIF 2959.460447
BMD 1
BND 1.28492
BOB 6.932689
BRL 5.367199
BSD 0.999665
BTN 90.79897
BWP 13.395118
BYN 2.87753
BYR 19600
BZD 2.010514
CAD 1.386995
CDF 2175.000195
CHF 0.79751
CLF 0.022484
CLP 887.789915
CNY 6.96885
CNH 6.95716
COP 3675.3
CRC 487.196792
CUC 1
CUP 26.5
CVE 94.790458
CZK 20.866007
DJF 177.720054
DKK 6.41602
DOP 63.618154
DZD 130.120234
EGP 47.418502
ERN 15
ETB 156.003989
EUR 0.858781
FJD 2.272795
FKP 0.74795
GBP 0.74475
GEL 2.690204
GGP 0.74795
GHS 10.801377
GIP 0.74795
GMD 74.000179
GNF 8751.343219
GTQ 7.665128
GYD 209.143977
HKD 7.79675
HNL 26.363707
HRK 6.470497
HTG 130.907809
HUF 330.912982
IDR 16960.8
ILS 3.15535
IMP 0.74795
INR 90.904801
IQD 1309.588287
IRR 42125.000158
ISK 125.560359
JEP 0.74795
JMD 157.75447
JOD 0.708998
JPY 158.129025
KES 128.960154
KGS 87.449954
KHR 4026.014778
KMF 424.999906
KPW 899.999096
KRW 1473.330295
KWD 0.30798
KYD 0.833058
KZT 508.500368
LAK 21617.36955
LBP 89519.379978
LKR 309.641201
LRD 180.934245
LSL 16.472287
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 5.432194
MAD 9.214356
MDL 17.07381
MGA 4532.383069
MKD 52.855094
MMK 2099.729949
MNT 3564.034934
MOP 8.029093
MRU 39.905433
MUR 46.280362
MVR 15.460432
MWK 1733.430194
MXN 17.576802
MYR 4.055022
MZN 63.899235
NAD 16.472287
NGN 1419.440109
NIO 36.786767
NOK 10.060897
NPR 145.278696
NZD 1.726115
OMR 0.384495
PAB 0.999669
PEN 3.357749
PGK 4.270793
PHP 59.441026
PKR 279.729364
PLN 3.62735
PYG 6664.37414
QAR 3.654417
RON 4.372985
RSD 100.760995
RUB 77.49268
RWF 1457.998401
SAR 3.750005
SBD 8.123611
SCR 13.338085
SDG 601.499323
SEK 9.20643
SGD 1.285015
SHP 0.750259
SLE 24.1501
SLL 20969.499267
SOS 570.330601
SRD 38.291501
STD 20697.981008
STN 21.062767
SVC 8.746185
SYP 11059.574895
SZL 16.466856
THB 31.252042
TJS 9.316953
TMT 3.51
TND 2.928326
TOP 2.40776
TRY 43.259599
TTD 6.784819
TWD 31.557037
TZS 2525.307027
UAH 43.259399
UGX 3483.523758
UYU 38.598753
UZS 11958.390646
VES 341.315297
VND 26265
VUV 120.33514
WST 2.790189
XAF 563.931791
XAG 0.010602
XAU 0.000214
XCD 2.70255
XCG 1.801605
XDR 0.701954
XOF 563.900279
XPF 102.523103
YER 238.475007
ZAR 16.379485
ZMK 9001.201861
ZMW 20.018312
ZWL 321.999592

¿Ataca EE.UU. a Venezuela?




La pregunta vuelve a encenderse en Caracas, Washington y en todo el Caribe: ¿está Estados Unidos a punto de atacar Venezuela? En los últimos días, el aumento de activos navales y aéreos estadounidenses en el Caribe, sumado a una escalada retórica entre ambos gobiernos, ha elevado la tensión regional a niveles no vistos desde 2020. No obstante, los datos disponibles retratan un cuadro más complejo: una operación antidrogas de gran escala con potencial de disuasión —y de error de cálculo—, pero sin anuncio formal de acciones militares directas contra territorio venezolano.

Hechos sobre el terreno. Estados Unidos ha reposicionado buques de guerra y plataformas anfibias con miles de marinos y soldados en apoyo de operaciones contra redes criminales transnacionales. El despliegue incluye destructores con capacidad de defensa aérea y misiles guiados, aeronaves de patrulla marítima de largo alcance y, en el componente anfibio, una fuerza expedicionaria de Infantería de Marina capaz de ejecutar un abanico de misiones: desde interdicción marítima y apoyo humanitario hasta operaciones de precisión contra objetivos de alto valor. Aunque estas fuerzas pueden actuar desde aguas y espacio aéreo internacionales, su sola presencia altera cálculos políticos y militares en la región.

La respuesta de Caracas. El gobierno de Nicolás Maduro ha ordenado la movilización masiva de milicias civiles y ha enmarcado la presencia militar estadounidense como una amenaza a la paz regional. El mensaje busca cohesionar apoyos internos en un contexto de alta conflictividad política tras las elecciones de 2024 y proyectar capacidad de resistencia. En paralelo, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ha intensificado ejercicios, vigilancia costera y mensajes de “defensa integral” del territorio.

La dimensión política y económica. La política de presión sobre Caracas combina sanciones financieras y sectoriales con licencias específicas que abren o cierran válvulas de la economía petrolera en función de objetivos políticos. Tras la controversia electoral, Washington endureció la línea, pero al mismo tiempo autorizó en agosto una reanudación limitada de exportaciones de crudo venezolano por parte de una empresa estadounidense con operaciones en el país, un gesto que sugiere que la vía económica sigue siendo palanca central. Este vaivén —presión y, puntualmente, licencias— es incompatible con la lógica de una guerra abierta e inmediata, pero no excluye acciones puntuales contra redes criminales si se les vincula a amenazas directas.

Un triángulo delicado:
Venezuela, el Caribe y Guyana. La disputa por el Esequibo entre Venezuela y Guyana, reactivada desde 2023 con referendos, leyes y episodios navales, añade un polvorín a corta distancia de rutas energéticas clave. Estados Unidos ha reforzado su cooperación de seguridad con Georgetown y con socios caribeños en ejercicios y patrullajes. Cualquier incidente en aguas disputadas —un abordaje, un sobrevuelo agresivo, un disparo de advertencia— podría escalar de forma rápida y no intencional.

Riesgos de escalada involuntaria. La doctrina de interdicción marítima contra carteles requiere aproximaciones cercanas, abordajes y persecuciones de alta velocidad. En entornos saturados de unidades militares y milicias movilizadas, la línea entre una interceptación policial y un enfrentamiento armado puede difuminarse. El riesgo no es tanto el “inicio” de una guerra declarada, como una cadena de incidentes que obligue a respuestas de prestigio, aumente la presencia militar y cierre espacio a la diplomacia.

Señales a vigilar. Para evaluar si la situación se acerca a una acción cinética contra objetivos en Venezuela, conviene observar: 1) cambios en reglas de enfrentamiento y anuncios formales de misiones más allá de interdicción marítima; 2) traslado sostenido de medios de ataque de precisión (por ejemplo, incremento de plataformas aéreas con armamento aire–tierra preposicionado); 3) coordinación pública con aliados regionales para operaciones en tierra; 4) evacuaciones de personal civil o advertencias consulares reforzadas en Venezuela; 5) interrupciones abruptas de las licencias energéticas que hoy siguen permitiendo cierto flujo petrolero.

Escenarios probables:
-  Base case (más probable a corto plazo): operación antidroga ampliada con demostración de fuerza y patrullajes intensos, acompañada de presión diplomática y sancionatoria.

-  Escenario de “pinchazo”: golpes quirúrgicos contra nodos logísticos de organizaciones designadas como terroristas o de narcotráfico, realizados desde aguas internacionales o con medios aéreos, buscando evitar daño colateral y negando autoría directa.

-  Escalada regional: un incidente en el Esequibo o un choque en alta mar dispara respuestas simétricas y despliegues adicionales; sube el precio del crudo y se ralentiza cualquier alivio de sanciones.

-  Desescalada controlada: canales diplomáticos discretos, garantías mutuas de no intervención, cooperación técnica con países del Caribe y Surinam–Guyana para enfriar la frontera y mantener la interdicción focalizada en carteles.

Conclusión:
No hay señales concluyentes de un ataque inminente de Estados Unidos contra Venezuela en forma de invasión o campaña militar abierta. Sí existe una operación de gran escala con capacidad de presión y disuasión, en un contexto político volátil y con frentes energéticos y fronterizos que elevan la temperatura. La prioridad de ambos lados —si el objetivo es evitar una crisis mayor— pasa por blindar los canales de comunicación táctica en el mar y el aire, y separar con claridad las misiones de seguridad transnacional de las disputas políticas internas y territoriales.