The Fort Worth Press - Los canadienses eligen cuándo morir, a menudo con una sonrisa

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Los canadienses eligen cuándo morir, a menudo con una sonrisa
Los canadienses eligen cuándo morir, a menudo con una sonrisa / Foto: © AFP

Los canadienses eligen cuándo morir, a menudo con una sonrisa

El sufrimiento de Jacques Poissant terminó el día que le preguntó a su hija si sería "una cobardía pedir ayuda para morir".

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Este asesor de seguros canadiense jubilado tenía 93 años y un cáncer de próstata que le provocaba sufrimientos insoportables cuando le planteó la pregunta a su hija Josée.

"Se estaba apagando. Ya no tenía ganas de vivir", contó a la AFP Josée, de 61 años. Pero cuando supo que se le había autorizado la muerte asistida "dejó de sufrir" y no dudó en ningún momento de su decisión, refirió.

Cinco años más tarde, en 2025, su madre hizo la misma elección. Tenía 96 años, había sido hospitalizada y entendió que ya no podría volver a vivir en su casa.

Murió rodeada de sus hijos y las parejas de estos, con la música que amaba. "Estaba en paz. Cantó hasta que se durmió".

Poissant lo recuerda como un momento hermoso y conmovedor. "No existe una buena manera de morir, pero para mí esta fue la mejor" y fue "un privilegio tener el tiempo para despedirnos".

- Extender la muerte asistida -

En 2023, uno de cada 20 decesos en Canadá ocurrió por muerte asistida.

La muerte asistida es legal en este país desde 2016 para personas en fase terminal. En 2021 se amplió el derecho a quienes padecen una enfermedad grave e incurable, incluso si la muerte no era "razonablemente previsible".

Un comité parlamentario empezará a estudiar el mes que viene sobre si la muerte asistida debería extenderse a quienes padecen exclusivamente enfermedades mentales.

Claire Brosseau espera que esta sea su batalla final. Afectada durante décadas por u trastorno bipolar, llevó ante los tribunales su caso por el derecho a morir.

"He probado con antidepresivos, antisicóticos, estabilizadores del estado de ánimo, benzodiacepinas, somníferos y estimulantes, terapia cognitivo-conductual, terapia dialéctico-conductual, tai-chi, reiki, meditación, veganismo, arteterapia y musicoterapia", enumeró.

"No hay prácticamente nada que no haya probado. Ha sido demasiado durante mucho tiempo", dijo a la AFP.

Cada día es una prueba para esta mujer de 49 años que vive sola con su perra Olive en un pequeño apartamento en Toronto.

"Tengo entre 10 y 30 minutos al día en los que estoy bien. Pero el resto es simplemente horrible", afirmó Brosseau.

Un cambio en la ley le permitiría irse "en paz y con seguridad, rodeada de amor. No será violento. No estaré sola", dijo.

- "Trivializada como terapia" -

Canadá tenía previsto permitir la muerte asistida independientemente de la patología en 2024. Pero la decisión se aplazó tres años, pues el gobierno argumentó que quería asegurarse de que el saturado sistema de salud mental se encuentre preparado.

Cerca de 80% de los canadienses apoyan la muerte asistida, pero a algunos les preocupa que se amplíe.

El tema se ha trivializado hasta el punto de ser "presentado como una forma de terapia", dijo a la AFP Trudo Lemmens, profesor de derecho sanitario en la Universidad de Toronto.

"La idea del suicidio suele ser una parte integral de un trastorno psiquiátrico" y es extremadamente difícil predecir cómo evolucionará una enfermedad mental, señaló.

Pero Mona Gupta, psiquiatra que presidió un panel de expertos que asesoró al gobierno, insistió en que "no hay ninguna razón clínica para trazar una línea que separe a las personas con trastornos mentales de aquellas con enfermedades físicas crónicas".

"Tenemos que reconocer que hay personas que han estado enfermas durante décadas y han pasado por todo tipo de tratamientos, y que el sufrimiento provocado por ciertas enfermedades mentales a veces es tan imposible de aliviar como el dolor físico", sostuvo.

- "Irse con dignidad" -

Para acceder a la muerte asistida, es necesario cumplir los criterios exigidos por la ley.

El solicitante debe ser adulto, "tener capacidad de decisión", padecer una enfermedad grave o incurable y "experimentar un sufrimiento físico o psicológico constante e insoportable que no pueda aliviarse en condiciones que se consideren tolerables", indicó a la AFP Rachel Fournier, que tiene cáncer de cerebro y cuya solicitud de muerte asistida fue aprobada.

"Cuando sufres, sientes que nunca va a terminar", dijo la mujer de 71 años. "Saber que habrá un final y que puedo elegir el momento es un alivio inmenso".

"Sigo manteniendo el control sobre mi vida aunque no pueda controlar lo que le ocurre a mi cuerpo", afirma desde su habitación en un centro de cuidados paliativos.

Fournier dice sentirse feliz y orgullosa de vivir en un país que permite a los pacientes decidir, en particular luego de haber presenciado cómo su madre se hundía en la demencia sin poder irse "con dignidad", como habría deseado, porque la ley aún no estaba vigente.

- "Celebrar mi vida" -

En Canadá, cada vez más familias eligen convertir el último día de su ser querido en un momento de celebración con música, canciones, discursos y un bufé.

"Vengan a celebrar mi vida", se leía en las invitaciones que un hombre envió para su último día.

Los médicos que han acompañado a estos pacientes hablan de ceremonias hermosas y conmovedoras en jardines, en la casa de vacaciones familiar junto a un lago e incluso en un barco.

Ahora las funerarias ofrecen espacios para las familias. "Nos dimos cuenta de que la gente iba a hoteles o alquilaba Airbnb", refirió Mathieu Baker, cuyo complejo funerario en Quebec alquila una sala rebosante de plantas y cuadros.

El médico Georges L'Espérance explica que ese último momento se convierte "a menudo en una celebración", porque los allegados comprenden que la persona va a dejar de sufrir y desean honrar la vida que tuvo.

"Gracias a la medicina le agregamos años a la vida, pero no siempre vida a los años", reflexiona. Por eso "la decisión de poner fin a la vida debe recaer en el paciente", asegura este médico pionero en muerte asistida.

H.M.Hernandez--TFWP