The Fort Worth Press - Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura

USD -
AED 3.672498
AFN 63.492708
ALL 79.98113
AMD 363.606184
ANG 1.790365
AOA 916.999577
ARS 1514.252499
AUD 1.407856
AWG 1.80125
AZN 1.705219
BAM 1.708652
BBD 2.017569
BDT 123.016306
BGN 1.683441
BHD 0.377675
BIF 3009.693046
BMD 1
BND 1.276826
BOB 11.019233
BRL 5.101899
BSD 1.001708
BTN 95.700376
BWP 13.566652
BYN 3.034653
BYR 19600
BZD 2.014686
CAD 1.40835
CDF 2310.99984
CHF 0.821698
CLF 0.02399
CLP 947.250497
CNY 6.699804
CNH 6.70493
COP 3210.67
CRC 446.954706
CUC 1
CUP 26.5
CVE 96.331177
CZK 21.295501
DJF 178.387186
DKK 6.5384
DOP 59.555583
DZD 133.922231
EGP 51.634505
ERN 15
ETB 162.001494
EUR 0.87463
FJD 2.237198
FKP 0.747949
GBP 0.75055
GEL 2.594971
GGP 0.747949
GHS 11.580111
GIP 0.747949
GMD 73.498502
GNF 8806.300698
GTQ 7.644358
GYD 209.516571
HKD 7.843615
HNL 26.88956
HRK 6.589897
HTG 130.923832
HUF 316.840498
IDR 17822
ILS 3.0146
IMP 0.747949
INR 95.568701
IQD 1312.284595
IRR 1374649.999702
ISK 121.050291
JEP 0.747949
JMD 157.979111
JOD 0.70902
JPY 157.632044
KES 129.469932
KGS 87.450136
KHR 4064.177664
KMF 430.000147
KPW 900.000318
KRW 1351.519862
KWD 0.30862
KYD 0.834757
KZT 447.981689
LAK 22440.145198
LBP 89704.93035
LKR 329.691738
LRD 173.304154
LSL 16.249055
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.385386
MAD 9.56663
MDL 17.615068
MGA 4387.386482
MKD 53.750759
MMK 2099.019807
MNT 3596.806502
MOP 8.092553
MRU 40.109729
MUR 47.659371
MVR 15.460027
MWK 1737.04511
MXN 17.33187
MYR 4.071026
MZN 63.90247
NAD 16.249055
NGN 1323.810016
NIO 36.867648
NOK 9.457202
NPR 153.119089
NZD 1.75286
OMR 0.3845
PAB 1.001717
PEN 3.384019
PGK 4.462558
PHP 62.574055
PKR 277.60441
PLN 3.803905
PYG 5960.800073
QAR 3.641478
RON 4.615104
RSD 102.678991
RUB 84.250071
RWF 1478.537014
SAR 3.755768
SBD 8.026013
SCR 13.925362
SDG 601.501353
SEK 9.852655
SGD 1.27584
SHP 0.74758
SLE 24.649562
SLL 20969.491881
SOS 572.491908
SRD 37.740226
STD 20697.981008
STN 21.40439
SVC 8.765163
SYP 13002.000254
SZL 16.244338
THB 33.193005
TJS 9.241024
TMT 3.5
TND 2.952007
TOP 2.40776
TRY 48.842401
TTD 6.806477
TWD 31.722797
TZS 2644.998037
UAH 44.878718
UGX 3906.922294
UYU 40.222429
UZS 11835.110449
VES 851.341295
VND 26006.5
VUV 118.301728
WST 2.751033
XAF 573.719708
XAG 0.015023
XAU 0.000231
XCD 2.70255
XCG 1.805363
XDR 0.707052
XOF 573.719708
XPF 104.189509
YER 236.549716
ZAR 16.19445
ZMK 9001.197922
ZMW 19.509105
ZWL 321.999592
SSP 5712.529845
MXV 1.964453
Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura
Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura / Foto: © AFP/Archivos

Las violaciones durante el genocidio de Ruanda, un trauma que perdura

Cada mes de abril, coincidiendo con las conmemoraciones del genocidio de 1994, Agatha, una ruandesa de etnia tutsi, apagaba la radio, se metía en la cama y se quedaba allí, tan inmersa en sus pensamientos que una vez su hija Agnes, de diez años, le preguntó si era una de las víctimas.

Tamaño del texto:

Fue la abuela de Agnes quién respondió a la pregunta. Y la respuesta la dejó helada. "Grité e inmediatamente empecé a tener miedo de mi madre, porque sentía que yo era una herida en su alma", recuerda Agnes, que ahora tiene 28 años.

De niña, se enteró de que su madre y su abuela formaban parte de las al menos 250.000 mujeres y niñas que, según datos de la ONU, fueron violadas por extremistas hutus durante el genocidio contra la minoría tutsi.

Debido al estigma asociado a la violación genocida, los nombres de ambas mujeres se han cambiado, a petición suya.

Agatha fue violada y secuestrada por un excompañero de clase hutu durante los 100 días que duró la masacre, que dejó 800.000 muertos, mayoritariamente tutsis, pero también hutus moderados.

Solo tenía 17 años cuando dio a luz, en Tanzania, adonde su violador la obligó a huir con él por temor a las represalias de la milicia rebelde tutsi que tomó el poder en julio de 1994, el Frente Patriótico Ruandés.

El agresor murió poco después.

Los familiares de Agatha la instaron a matar al bebé, pero ella se negó. Y, sin embargo, cada vez que miraba a Agnes lo hacía con dolor, por el futuro al que tuvo que renunciar.

Agatha soñaba con ser veterinaria para poder encargarse del gran rebaño de vacas de su familia.

- Discriminación -

Durante su infancia, la discriminación era el pan de cada día, incluso en la escuela, donde sus profesores hutus no ocultaban su desdén hacia los estudiantes tutsis.

Pero ella nunca se hubiera podido imaginar que un día vería a su padre siendo asesinado ante sus ojos y sus restos arrojados en una letrina por un vecino suyo, hutu.

En 1996, cuando volvió a Ruanda desde Tanzania, todo había cambiado. Las vacas se habían ido, el dinero era escaso y Agatha era "una niña que tenía una niña", como ella misma dice.

"Dios la crio, yo no. Yo no tenía las capacidades", explica Agatha, de 45 años, a la AFP.

A Agnes, su familia le dio de lado por ambas partes: sus parientes por parte de padre, hutus, la llamaban "serpiente" (una retórica estatal que atizó las masacres) y sus familiares por parte de madre la acusaban de perpetuar el linaje de los autores del genocidio.

A los 16 años, se fue de casa y trabajó como mesera y trabajadora sexual.

No regresó a su aldea natal, en el distrito de Ngoma, en el este, hasta 2018, cuando su primer esposo las abandonó a ella y a su hija al descubrir que Agnes era "fruto de una violación".

Se volvió a casar y tuvo otro hijo. En los cinco años siguientes, madre e hija llevaron una convivencia difícil, sin hablar sobre su pasado.

- Un largo camino por delante -

Los nacidos de una violación, que la oenegé Survivors Fund cifra en 20.000, no son reconocidos como víctimas de genocidio por el gobierno.

En 2020, la asociación Interpeace, radicada en Ginebra, empezó a organizar unos talleres para tratar el trauma generacional en Ruanda, un proyecto llamado "Mvura Nkuvure" ("Cúrame, yo te curo", en idioma kinyarwanda).

El año pasado, Agatha aceptó participar en uno. Durante tres meses, apenas habló, pero, al escuchar los relatos de los otros asistentes, se dio cuenta de que ella no era la única que vivía con una historia que estaba desesperada por olvidar.

Al poco, su hija empezó a asistir a sesiones con otro grupo. Desde el primer día, tomó la palabra, y durante las siguientes sesiones habló, habló y habló. "Me sentí aliviada (...) porque dije cosas que siempre me había asustado decir", relata.

La vergüenza que había arrastrado durante años empezó a disiparse, así como el enfado que sentía hacia su madre. "Me di cuenta de que todo lo que ella no me dio tampoco lo tuvo para sí", explica.

Clenie, el moderador que supervisó los talleres, dijo a la AFP que el proceso estaba destinado a ayudar a los participantes a "encontrar un terreno de entendimiento".

"Ruanda todavía tiene un largo camino por delante para curarse, pero hemos hecho algunos avances", apuntó.

Casi 30 años después del genocidio, Agatha afirma sentirse más fuerte de lo que se había sentido en años.

"Hay imágenes que no puedes borrar, no importa cuán fuerte lo intentes. Pero soy lo suficientemente valiente como para sobrellevar los malos recuerdos cuando aparecen".

W.Knight--TFWP