The Fort Worth Press - Los pigmeos aka de República Centroafricana, entre la medicina tradicional y la moderna

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Los pigmeos aka de República Centroafricana, entre la medicina tradicional y la moderna
Los pigmeos aka de República Centroafricana, entre la medicina tradicional y la moderna

Los pigmeos aka de República Centroafricana, entre la medicina tradicional y la moderna

Juliette, una pigmea de unos 50 años que tiene cicatrices y un absceso enorme en la espalda, vino a examinarse a una clínica recientemente instalada en el pueblo de Sakoungou, en el bosque tropical de República Centroafricana, donde conviven la medicina tradicional y la moderna.

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Esta clínica en los confines del bosque tropical fue instalada hace nueve meses por Senitizo, una pequeña oenegé especializada estadounidense.

Lejos de abandonar sus ritos ancestrales, los aka, un pueblo nómada pigmeo de los bosques del suroeste de República Centroafricana y del norte de la República Democrática del Congo, vienen a este lugar para recibir cuidados gratuitamente, afectados por virus o bacterias que vienen de un mundo moderno que los más mayores solo conocen desde hace poco.

Con el tiempo, algunos se sedentarizaron en ciudades y pueblos, a veces para huir de la deforestación y la violencia, en un país donde muchas milicias armadas imponen la ley y donde los conflictos entre comunidades son a veces sangrientos.

En Sakoungou, a unos 200 km al suroeste de Bangui, la capital, la zona de la prefectura de Lobaye aún no está afectada por la violencia.

La pista de tierra rojiza que lleva hasta aquí cruza una vegetación abundante.

Las casas de ladrillo de tierra cocida de los habitantes no pigmeos están al lado de los albergues fabricados con ramas secas, junto al bosque, por los aka, quienes sufren aun discriminaciones y desprecio en todo el país.

Cerca de la clínica uno de los pocos carteles del pueblo reza: "Pueblo pigmeo, protejamos nuestras minorías".

- Ostracismo y explotación -

Según la UNESCO, los aka --también llamados bayaka-- son considerados como los primeros habitantes de República Centroafricana.

Sin embargo los pigmeos son parias y están sumidos en el ostracismo y explotados por otras comunidades. Son los más pobres en el segundo país menos desarrollado del mundo, según la ONU.

El país está en guerra civil desde hace más de ocho años y depende casi totalmente de la ayuda humanitaria internacional para alimentar y atender a casi 5 millones de habitantes.

"Las discriminaciones de los pigmeos se encuentran en todas partes en África central", afirma a la AFP Alain Ebelpoin, antropólogo del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) en Francia.

Tienen "salarios muy bajos, realizan trabajos difíciles... son víctimas de humillaciones y son considerados como siervos por el resto de la población", agrega.

Pero los pigmeos son músicos --la UNESCO clasificó en 2003 sus cantos polifónicos en el Patrimonio Mundial de la Humanidad-- así como cazadores, recolectores y adivinos-curanderos, decía en 2012 Ebelpoin en un ensayo sobre la cuestión.

"Yo vivo entre el bosque y el pueblo", cuenta Juliette, decana de los aka de Sakoungou, con una sonrisa en los labios pese a los achaques que sufre. Además del absceso en la espalda, tiene dolores torácicos, vértigo y parásitos.

Nunca recurrió a la medicina moderna antes de la instalación de la clínica.

- Baja esperanza de vida -

"Los aka tienen muchos más problemas de salud que los demás y su esperanza de vida supera pocas veces los 40 años", explica Jacques Bébé, médico del centro.

"Consumen agua no potable e incluso estancada, no tienen albergues sólidos, cobijas, mosquiteros; no están acostumbrados a tomar las medicinas de manera adecuada y atienden a la medicina tradicional. Cuando llegan a la clínica, a veces es ya muy tarde", dice el médico.

Jean-Claude, de unos 30 años, vino al centro médico a buscar medicinas, antes de irse a la jungla en busca de arbustos "para curar el dolor de cabeza o espalda".

En la sala de espera, Gaspard, de unos 40 años, afirma que "no tiene nada contra la modernización, pero sí miedo de que un día desaparezcan nuestras tradiciones".

M.Delgado--TFWP