The Fort Worth Press - En Afganistán, un puñado de mujeres desafía a los talibanes

USD -
AED 3.67315
AFN 62.999867
ALL 83.609856
AMD 377.409873
ANG 1.790083
AOA 917.000257
ARS 1394.481799
AUD 1.415859
AWG 1.8025
AZN 1.709472
BAM 1.703362
BBD 2.013674
BDT 122.680044
BGN 1.709309
BHD 0.377633
BIF 2970
BMD 1
BND 1.278933
BOB 6.933521
BRL 5.2703
BSD 0.999826
BTN 92.219929
BWP 13.632761
BYN 2.978457
BYR 19600
BZD 2.010896
CAD 1.36635
CDF 2264.999689
CHF 0.787875
CLF 0.023027
CLP 909.219839
CNY 6.95625
CNH 6.892475
COP 3697.58
CRC 469.608688
CUC 1
CUP 26.5
CVE 96.625011
CZK 21.27215
DJF 178.036736
DKK 6.501565
DOP 61.350436
DZD 132.264185
EGP 52.366305
ERN 15
ETB 157.485434
EUR 0.87012
FJD 2.21395
FKP 0.754939
GBP 0.751725
GEL 2.730329
GGP 0.754939
GHS 10.884982
GIP 0.754939
GMD 73.501516
GNF 8775.000281
GTQ 7.663366
GYD 209.28592
HKD 7.83028
HNL 26.467745
HRK 6.559099
HTG 131.04103
HUF 339.941496
IDR 16984
ILS 3.122375
IMP 0.754939
INR 92.25235
IQD 1309.713549
IRR 1321050.000081
ISK 124.59913
JEP 0.754939
JMD 157.272252
JOD 0.709049
JPY 159.152506
KES 129.400507
KGS 87.45031
KHR 4018.501729
KMF 428.999673
KPW 899.999993
KRW 1490.99967
KWD 0.30655
KYD 0.833137
KZT 482.803369
LAK 21474.999946
LBP 89549.99997
LKR 311.33349
LRD 183.24974
LSL 16.820038
LTL 2.95274
LVL 0.60489
LYD 6.408347
MAD 9.392958
MDL 17.396076
MGA 4162.366252
MKD 53.656605
MMK 2099.642329
MNT 3571.28497
MOP 8.0633
MRU 39.86187
MUR 46.740211
MVR 15.450202
MWK 1733.336817
MXN 17.785905
MYR 3.930501
MZN 63.910304
NAD 16.820038
NGN 1371.529799
NIO 36.788016
NOK 9.690865
NPR 147.558017
NZD 1.70924
OMR 0.384496
PAB 0.999835
PEN 3.451228
PGK 4.311133
PHP 59.726999
PKR 279.291581
PLN 3.71648
PYG 6489.287581
QAR 3.654535
RON 4.433302
RSD 102.151029
RUB 81.372191
RWF 1459.166166
SAR 3.752847
SBD 8.051718
SCR 14.789907
SDG 600.999609
SEK 9.35557
SGD 1.278225
SHP 0.750259
SLE 24.550044
SLL 20969.510825
SOS 570.375983
SRD 37.571498
STD 20697.981008
STN 21.337746
SVC 8.748552
SYP 110.524985
SZL 16.807323
THB 32.330498
TJS 9.597976
TMT 3.5
TND 2.953057
TOP 2.40776
TRY 44.182965
TTD 6.780237
TWD 31.983198
TZS 2604.999899
UAH 44.076764
UGX 3774.636602
UYU 40.646583
UZS 12088.591609
VES 442.704625
VND 26290
VUV 119.565255
WST 2.735215
XAF 571.296562
XAG 0.012383
XAU 0.0002
XCD 2.70255
XCG 1.801879
XDR 0.71253
XOF 571.296562
XPF 103.867827
YER 238.550044
ZAR 16.759803
ZMK 9001.20032
ZMW 19.470645
ZWL 321.999592
En Afganistán, un puñado de mujeres desafía a los talibanes
En Afganistán, un puñado de mujeres desafía a los talibanes

En Afganistán, un puñado de mujeres desafía a los talibanes

Con paso rápido y cabeza baja para no llamar la atención, algunas mujeres entran con prudencia una tras otra en un pequeño apartamento en Kabul. Aun poniendo en riesgo sus vidas, desde allí erigen una incipiente resistencia a los talibanes.

Tamaño del texto:

El grupo prepara conjuntamente su próxima acción contra el movimiento fundamentalista que hizo saltar por los aires sus sueños y conquistas al volver al poder en Afganistán el 15 de agosto tras dos décadas de insurrección.

Al principio solo eran unas quince mujeres las que participaban en este naciente movimiento de resistencia civil, sobre todo chicas jóvenes en la veintena que ya tenían relación entre ellas.

Pero con su primera acción en septiembre, la red se amplió a decenas de mujeres, exestudiantes, profesoras, trabajadores humanitarias o amas de casa que ahora maniobran en secreto para defender sus derechos.

"Me dije: ¿por qué no unirme a ellas antes que quedarme en casa, deprimida, dando vueltas a todo lo que hemos perdido?", dice a AFP una de ellas, de 20 años.

Son perfectamente conscientes del peligro: varias compañeras ya han desaparecido.

Pero están decididas a seguir el combate contra los talibanes que durante su primer régimen aplastaron las libertades fundamentales de las mujeres. Y pese a las promesas de cambio en su regreso, no han tardado en vulnerarlos otra vez.

Periodistas de AFP pudieron asistir a dos de sus reuniones en enero.

Asumiendo el riesgo de ser detenidas, marginadas o de ver su familia amenazada, más de 40 mujeres, algunas madres con sus hijas, participaron en la primera de ellas. La mayoría se expresaron bajo anonimato por motivos de seguridad.

En la segunda reunión, algunas militantes prepararon activamente su próxima manifestación. Con el móvil en una mano y el bolígrafo en la otra, una activista echa un vistazo a una pancarta que pide igualdad de trato para las mujeres.

"Están son nuestras armas", asegura.

- Luchar contra el miedo -

Entre 1996 y 2001, los talibanes prohibieron a las mujeres trabajar, estudiar, hacer deporte o salir solas a la calle.

Ahora aseguran haber cambiado, pero han impuesto una rigurosa segregación entre sexos en la mayoría de lugares de trabajo, han excluido a las mujeres de muchos empleos públicos, han cerrado la mayoría de centros de educación secundaria a las adolescentes y han modificado los programas universitarios para que reflejen su interpretación estricta de la sharia, la ley islámica.

Todavía perseguidas por el recuerdo del precedente régimen talibán, numerosas afganas están atadas por el miedo de salir a manifestarse o sucumben a la presión de su familia que les pide quedarse en casa.

Una joven de 24 años explica cómo plantó cara a su familia conservadora, entre ellos un tío que tiró sus libros para que no pudiera seguir estudiando. "No quiero dejar que el miedo me controle y me impida hablar", asegura.

En los últimos veinte años, las afganas, sobre todo en grandes ciudades, pudieron cursar estudios universitarios, convertirse en directivas de empresas u ocupar cargos ministeriales.

El mayor miedo de Shala es que las chicas y las mujeres vuelvan a verse confinadas por completo en casa, asegura esta antigua trabajadora del gobierno de unos 40 años, que perdió su empleo con el regreso talibán.

Algunas noches, esta madre de cuatro hijos se escabulle a la calle para pintar en las paredes de la capital eslóganes como "Viva la igualdad".

"Quiero simplemente ser un ejemplo para las jóvenes mujeres, demostrarles que no abandonaré el combate", dice con voz dulce.

Ella cuenta con el respaldo de su marido y de sus hijos que corren por casa gritando "¡Educación! ¡Educación!".

- Precauciones -

Para llevar a cabo sus acciones, estas militantes toman todas las precauciones.

Antes de aceptar nuevas integrantes, Hoda Kmosh, una poetisa de 26 años y extrabajadora de una ONG que ayudaba a reforzar la autonomía de la mujer, se asegura que sea de confianza y que esté comprometida.

Una de las pruebas consiste en pedir que preparen rápidamente banderolas o eslóganes. Las más rápidas suelen ser las más determinadas, opina Hoda, de mirada viva y carácter energético.

Una vez convocaron a una postulante a una manifestación falsa. Los talibanes llegaron al lugar y ellas cortaron la relación con esa mujer sospechosa de haber pasado la información a los nuevos dirigentes.

El núcleo duro de las activistas utiliza un número de teléfono dedicado solamente a la coordinación antes de cada acción. Este número es después desconectado para que no sea rastreado. Hoda, cuyo marido ha sido amenazado, tuvo que cambiar ya varias veces de número.

El día de la protesta envían un mensaje pocas horas antes del encuentro. Las mujeres llegan por grupos de dos o tres y se sitúan junto a comercios, haciéndose pasar por clientes.

En el último momento se juntan precipitadamente, despliegan sus pancartas y empiezan a entonar sus consignas: "¡Igualdad! ¡Igualdad! Basta de restricciones".

Irremediablemente se ven rápidamente rodeadas por combatientes talibanes que las dispersan, les gritan o les apuntan con sus armas. Una se acuerda de haber abofeteado a un talibán. Otra de continuar cantando eslóganes con una arma contra la espalda.

"Cuando la manifestación ha terminado, nos cambiamos para no ser reconocidas con un velo y una ropa que generalmente llevamos con nosotras", explica Hoda.

- Redadas nocturnas -

Pero esto es cada vez más peligroso.

Los talibanes "no toleran la protesta. Han agredido a manifestantes y a periodistas que cubrían las protestas. Han buscado a manifestantes y organizadoras de las protestas", explica Heather Barr, investigadora especializada en derechos de mujeres en Human Rights Watch.

A mediados de enero, los talibanes usaron por primera vez gas lacrimógeno contra militantes que pintaron burkas blancos con manchas de color rojo sangre para protestar contra el uso de este velo integral con solo una rejilla a la altura de los ojos.

Dos de las manifestantes, Tamana Zaryabi Paryani y Parwana Ibrahimkhel, fueron detenidas en una serie de registros realizados en la noche del 19 de enero, según las activistas.

En un dramático video difundido en redes justo antes de su detención, Paryani pide ayuda: "¡Por favor, ayúdenme! Los talibanes vinieron a casa (...) Mis hermanas están aquí", se desesperaba.

También se la ve junto a la puerta, implorando al hombre que esperaba detrás. "Si queréis hablar, hablaremos mañana. No puedo veros en plena noche con estas chicas en casa. No quiero, no quiero... ¡Por favor! ¡Ayuda! ¡Ayuda!"

Desde entonces, ninguna de las dos reaparecieron. La ONU y HRW pidieron al régimen investigar su paradero. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, mostró también su preocupación.

El portavoz del gobierno, Zabihullah Mujahid, negó cualquier implicación de los talibanes, aunque reiteró que las autoridades tienen "el derecho de detener y encarcelar a los opositores o aquellos que violan la ley".

Numerosas mujeres entrevistadas por AFP antes de esas desapariciones optaron por esconderse, evocando "amenazas ininterrumpidas".

El jueves, la ONU pidió públicamente a los talibanes aportar informaciones sobre otras dos militantes desaparecidas.

- "Mi corazón y mi cuerpo tiemblan" -

"Estas mujeres (...) han tenido que crear algo de la nada", señala Heather Barr de HWR. "Hay muchas militantes muy experimentadas que han trabajado durante años en Afganistán (...) pero casi todas marcharon tras el 15 de agosto".

A lo largo de los meses aprendieron a adaptarse. Al principio, las protestas terminaban cuando una mujer era agredida. Ahora, en estos casos, dos militantes se ocupan de la víctima y las otras continúan su acción, explica Hoda.

Como los talibanes prohíben a los periodistas cubrir estas protestas, usan teléfonos para tomar fotos y videos que cuelgan rápidamente en sus redes sociales.

Las imágenes, en las que suelen aparecer a rostro descubierto en un gesto desafiante, son transmitidas a todo el mundo.

Otro grupo de mujeres, más modesto, busca formas de protesta que eviten la confrontación directa con los islamistas.

"Cuando estoy fuera en la calle, mi corazón y mi cuerpo tiemblan", explica Wahida Amiri, exbibliotecaria de 33 años ya implicada en la lucha contra la corrupción bajo el anterior gobierno.

La mujer queda a veces con amigas en la privacidad de una casa en la que filman y cuelgan imágenes de vigilias con velas durante las que despliegan pancartas reclamando el derecho a estudiar o a trabajar.

También recurren a artículos, a debates en Twitter o a la aplicación de conversaciones de audio llamada Clubhouse, con la esperanza de que las redes sociales permitan al mundo tomar conciencia de su suerte.

En otras partes del país como Herat (noroeste), Bamiyan (centro) o Mazar-i-Sharif (norte) se han organizado manifestaciones más esporádicas.

"Es posible que fracasemos. Todo lo que queremos es hacer resonar la voz de la igualdad y que en vez de cinco mujeres, sean miles las que se unan a nosotros", explica Wahida.

Porque "si nosotras no luchamos por nuestro futuro hoy en día, la historia de Afganistán se repetirá", alerta Hoda.

T.Mason--TFWP