The Fort Worth Press - "No aguantó el dolor": familiares lloran a una mujer muerta en ataques de EEUU a Venezuela

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"No aguantó el dolor": familiares lloran a una mujer muerta en ataques de EEUU a Venezuela
"No aguantó el dolor": familiares lloran a una mujer muerta en ataques de EEUU a Venezuela / Foto: © AFP

"No aguantó el dolor": familiares lloran a una mujer muerta en ataques de EEUU a Venezuela

Un enorme agujero irregular en la pared de un edificio deja ver a vecinos cansados entre los escombros. Por esa tronera un hombre sacó el sábado de madrugada a su tía, gravemente herida en los bombardeos estadounidenses que llevaron a la captura del presidente depuesto Nicolás Maduro.

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Rosa González, una abogada de 78 años, era tía de Wilman González, con quien vivía en La Guaira, un estado costero vecino a Caracas y uno de los tres bombardeados por Estados Unidos.

"No se murió aquí, murió en el hospital", cuenta Wilman a la AFP. El brazo "le dolía", y Rosa había recibido un impacto en el pecho que le impedía respirar.

Recuerda que estaba mirando su teléfono celular cuando ocurrió la explosión y salió disparado por los aires. "Fue tan inmensa" que "la puerta principal voló, la de madera voló, y me pegó contra la pared", narra este pensionado de 62 años, en estado de conmoción. Tiene el ojo derecho morado, con suturas.

Su tía Rosa dormía en la otra habitación.

"La llevamos allá al hospitalito y le pusieron oxígeno. Pero no aguantó el dolor" y murió, dice el hombre entre las ruinas.

- "Muy sencilla, amable" -

La policía se llevó el cuerpo de la mujer para practicarle una autopsia. El lunes siguiente la velaron en una pequeña capilla, el ataúd de madera con media tapa abierta. Familiares y conocidos la lloraron en silencio.

"Era una mujer muy sencilla, muy amable, tenía muchas amistades", cuenta su hermano José Luis González, de 82 años, que se enteró por una llamada de su sobrino Wilman.

Eran cinco hermanos. Ahora solo queda vivo José Luis.

"No debería haber sucedido en Venezuela una tragedia como esta, en un pueblo tan tranquilo", lamenta.

Wilman González regresó a su edificio de viviendas populares, el Bloque 12, de fachada azul descolorada por el sol y ahora perforado por un misil.

Puertas y paredes demolidas, cristales rotos. La imagen dañada de una virgen sobre un pequeño altar le da la bienvenida.

Los vecinos incluso toman en la sala de Wilman pequeños trozos del proyectil. Las autoridades se llevaron otros pedazos más grandes.

Tras la explosión, "pensé que ya estaba muerto", recuerda Wilman, que critica la poca asistencia que ha recibido del gobierno. "Dios, perdóname mis pecados", dice que pensó.

Hoy se pasea entre los restos de lo que alguna vez fue su vivienda. Recoge pedazos de madera, los mira y los vuelve a lanzar al piso. Con un destornillador en mano evalúa si es posible rescatar un clóset. Todo es inservible.

Sus vecinos rescatan ollas, licuadoras, documentos, marcos de ventanas.

"Eso lo he visto yo por televisión. Palestina, allá, Irak, toda esa gente. Aquí no", dice este hombre de piel tostada.

- "Rescatarme a mí mismo" -

El bombazo causó daños irreparables en ocho de los 16 apartamentos.

En el que era propiedad de su madre, César Díaz junta documentos y los guarda en un sucio bolso tejido.

Un vecino, Jesús Linares, cuenta cómo salvó a esta mujer llamada Tibisay, de 80 años, entre el desastre. Le muestra la sábana desteñida que usó para detener un sangrado en la cabeza antes de llevarla al hospital.

"Estos eran sus zapaticos", dice con incredulidad este bombero de 48 años, y señala una chancla de plástico huérfana, sin su par.

"¡Guao! Tan grande que es todo y precisamente aquí, en la casa de mi madre", dice César, de 59 años.

"Esto le va a crear el trauma", se lamenta, sudoroso y aún en estado de conmoción. "Para mí es rudo (difícil) llegar aquí y no verla sentada ahí en su butaca", confiesa al borde del llanto.

Linares cuenta que con la poca compostura que le quedaba asistió a Tibisay y sacó a su propia madre de 85 años y su hija de 16 en pleno caos.

"Traté de enfocarme como que si esto hubiese sido un sismo: mantener la calma y enfocarme en las vidas de ellas y socorrerlas", cuenta este bombero de 48 años.

La policía se llevó el proyectil, pero las autoridades no aparecen para ofrecerles asistencia.

Tres décadas de servicio prepararon a Linares para "rescatar vidas". "Esta vez lo que me tocó fue rescatarme a mí mismo, a mi familia".

S.Jordan--TFWP