The Fort Worth Press - El rescate de un elefante huérfano expone el reto de la conversación en Nigeria

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El rescate de un elefante huérfano expone el reto de la conversación en Nigeria
El rescate de un elefante huérfano expone el reto de la conversación en Nigeria / Foto: © AFP

El rescate de un elefante huérfano expone el reto de la conversación en Nigeria

Al amanecer en el Parque Nacional Okomu, en Nigeria, un exhausto cuidador de fauna prepara la leche de Agbaibor, una cría de elefante de bosque huérfano de pocos meses, rescatado después de deambular solo fuera de la selva tropical.

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"La cría de elefante necesita dos litros de esto por comida", explicó Joshua Aribasoye, uno de los responsables de cuidar al animal en un corral improvisado en un puesto de los guardaparques.

Agbaibor -bautizado en homenaje al guardaparque que ayudó a rescatarlo- fue hallado a finales de 2025 cerca de una plantación de palma aceitera cercana a esta selva protegida.

Guardaparques y ambientalistas intentaron reunirlo con su familia al devolverlo al bosque, pero poco después volvió a salir.

Temerosos de que muriera solo o fuera atacado, las autoridades del parque y el grupo ambientalista African Nature Investors (ANI) lanzaron un esfuerzo de emergencia por cuidarlo e hicieron llegar especialistas en rehabilitación de elefantes desde Zambia para apoyar la tarea.

La operación se volvió costosa. ANI gasta entre 4 y 5 millones de nairas (de 2.900 a 3.600 dólares) por mes en su cuidado, incluyendo 77 kilos de leche en polvo, además de avena y suplementos alimenticios.

Los conservacionistas esperan que el proceso de rehabilitación tarde otros tres a cinco años.

Están construyendo un nuevo encierro en una parte del parque con hábitat de elefante, donde la cría podrá ser expuesta gradualmente a los sonidos y movimientos de los rebaños silvestres antes de una posible reintroducción.

"La cría será cuidada allí (...) hasta que se integre a un grupo", dijo Peter Abanyam, gerente de proyecto de la ANI.

- Solo 200 elefantes en Nigeria -

Los elefantes de bosque son más pequeños y esquivos que sus primos de la sabana, y figuran en la lista de especies críticamente amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), principalmente por la caza furtiva y la pérdida de hábitat.

La población de elefantes en Nigeria ha colapsado en las últimas décadas.

Se calcula que solo quedan unos 200 elefantes en el país, y cerca de 40 vivirían dentro o alrededor de Okomu, uno de los últimos ecosistemas de bosque lluvioso remanentes en Nigeria.

"Okomu es crucial para la conservación en Nigeria" señaló Abanyam.

"En un ecosistema pequeño como este, tener 40 elefantes es un número enorme, y debe ser protegido a toda costa".

Pero la presión sobre el bosque está creciendo.

La tala, la caza furtiva, la agricultura y los asentamientos humanos han fragmentado grandes partes de la reserva, reduciendo los corredores de los elefantes y aumentando el contacto entre la vida silvestre y las comunidades vecinas.

Godstime Christopher, de 26 años, en una ocasión ayudó a sacar madera talada ilegalmente antes de ser contratado por ANI como guardaparque.

Ahora trabaja con el equipo de biomonitoreo de la organización, y utiliza cámaras trampa para rastrear los movimientos de los elefantes e identificar a los cazadores furtivos.

"Cuando me convertí en guardaparque, pensé que me aprovecharía de la tala", admitió. "Pero la capacitación cambió nuestra mentalidad".

- "Preservar lo que queda" -

Grupos ambientalistas dicen que es esencial involucrar a las comunidades locales para que la vida silvestre sobreviva en uno los países africanos de más rápido crecimiento, donde mucha gente en dificultades económicas recurre a los bosques protegidos en busca de tierra, madera y carne.

Los guardaparques parecen haber ayudado a reducir la caza furtiva de elefantes en la zona, pero la caza de otras especies afecta a estos paquidermos y degrada su hábitat, advirtió Christopher.

En el centro de rehabilitación, Agbaibor chapucea en el lodo y bebe leche de unos biberones gigantes.

Para Aribasoye, el trabajo se ha vuelto profundamente personal.

"Se supone que somos como madres para él", comentó.

"Verlo comer y jugar es parte de la alegría (...) porque sé que estamos trabajando para preservar lo que queda".

M.Delgado--TFWP