The Fort Worth Press - Campesinas colombianas luchan contra el olvido a través del fútbol

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Campesinas colombianas luchan contra el olvido a través del fútbol
Campesinas colombianas luchan contra el olvido a través del fútbol / Foto: © AFP

Campesinas colombianas luchan contra el olvido a través del fútbol

Las faldas ondean y los sombreros vuelan en la cancha de fútbol de Jenesano, un pueblo envuelto de montañas en el centro de Colombia. Con sus coloridos vestidos tradicionales, decenas de campesinas patean la bola y celebran con abrazos cada gol.

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Son las jugadoras de Bota, Ruana y Sombrero, un torneo femenino que se juega cada agosto desde hace once años. Las mujeres dejan en segundo plano las arduas tareas domésticas y agrícolas, un sector tradicionalmente machista, para centrarse en disfrutar del deporte.

Divididas en ocho equipos, bautizados con palabras propias del campo colombiano, desde Las Jediondas (malolientes) hasta Las Potrancas, juegan y luchan contra el olvido de las campesinas de la región.

"Estos torneos representan mucho porque es nuestra cultura tradicional" y "porque los campesinos estamos olvidados", dice a la AFP Luz Mery Contreras, una labriega y ama de casa de 39 años.

Su pasión refleja además el creciente fervor por el balompié femenino en Colombia, cuya selección, en cabeza de la estelar Linda Caicedo, atacante del Real Madrid, iniciará la campaña para clasificar al Mundial de 2027 en octubre.

Al principio, el certamen solo incluía a hombres, pero las mujeres pidieron participar. Desde el segundo año de competencia inundaron las canchas con su atuendo tradicional: botas de caucho, falda, ruana (un poncho típico colombiano) y sombrero.

"Podemos y sabemos jugar súper bien", sostiene la capitana de Las Habas, mientras enseña debajo de su ruana la camiseta de la selección Colombia, de la que es fanática desde niña.

- Reglas curiosas -

Contreras recuerda con cariño el primer triunfo de su equipo, que les permitió ganar un "marrano" (cerdo) como premio. Lo vendieron y repartieron el dinero entre las campeonas.

Como en las labores de la tierra, en una zona dedicada a la agricultura y la ganadería lechera, el galardón se conquista con sudor.

A diferencia del fútbol tradicional, el balón oficial de Bota, Ruana y Sombrero, forrado con piel y pelo de vaca, es más difícil de controlar debido a su ligereza.

Y las futbolistas -que forman equipos de diez jugadoras- deben prestar mucha atención a las particulares reglas: si se les cae el sombrero o una bota sale volando, deben parar, recogerlos y seguir.

Si incumplen la normativa, los árbitros, las únicas tres personas de corbata en el evento, suenan el silbato.

"Jugar con botas, con ruana y con sombrero es algo de locos", "que realmente ni los más profesionales lo saben", afirma Milena Arias, una bombera voluntaria y campesina de 42 años que defiende a Las Garrapatas.

Con los comentaristas de fondo, una audiencia de unas 800 personas anima y corea cuando anotan gol. Bailan, gritan y ríen antes de cada partido.

Expuestas al sol, alguna de las jugadoras incluso desfallece en pleno juego, que se disputa en un campo de tierra y piedras.

La sed del medio tiempo la sacian con guarapo, un jugo hecho a base de caña de azúcar usado en el campo como energizante pero también como bebida alcohólica.

- Contra la monotonía -

Reinaldo Mendoza, agricultor de 38 años que asistió a la competición, dice que estas mujeres son unas "verracas" (valientes).

"Son muy trabajadoras y no tienen día de descanso", destaca.

Para muchas participantes, el fútbol no se limita al campeonato anual; algunas compiten todo el año en partidos de fútbol de salón.

"Es un deporte que nosotras siempre hemos jugado", dice Arias.

Pero compaginar el día a día en el campo con la pasión futbolera no es fácil.

En una jornada normal, las mujeres alistan y llevan a sus hijos a la escuela, se encargan del ganado y de ahí parten para cultivar la tierra.

"Y, si se presenta algún tipo de emergencia con bomberos, yo estoy disponible las 24 horas", acota Arias.

Pero el esfuerzo por patear el balón tiene recompensa: sacarlas de la "monotonía".

"Tengo como a diez primas en el torneo", dice Marta Merchán, una pensionada de 58 años. Se merecen "disfrutar de esta maravilla".

K.Ibarra--TFWP