The Fort Worth Press - "No es culpa de mi hijo", el drama de las mujeres embarazadas tras ser violadas en Sudán

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"No es culpa de mi hijo", el drama de las mujeres embarazadas tras ser violadas en Sudán
"No es culpa de mi hijo", el drama de las mujeres embarazadas tras ser violadas en Sudán / Foto: © AFP

"No es culpa de mi hijo", el drama de las mujeres embarazadas tras ser violadas en Sudán

El bebé de Nesma tiene la sonrisa y los ojos de su madre, pero nada de su padre, uno de los tres combatientes paramilitares que la violaron en grupo hace dos años en la capital de Sudán.

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"Vi sus caras. Me acuerdo de ellos", contó a la AFP la joven 26 años cuyo nombre se ha cambiado para proteger su privacidad.

El pequeño Yaser es uno de los miles de niños nacidos de supervivientes de violaciones en los tres años de combates entre el ejército de Sudán y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).

La familia de Nesma, quien se graduó en la universidad, huyó de Jartum al inicio de la guerra, pero un año después ella volvió para recuperar los certificados de nacimiento, graduación y defunción que necesitaba para comenzar una nueva vida.

Combatientes de las RSF detuvieron el autobús en el que viajaba entre las fábricas de Jartum Norte, ordenaron a todos bajar y separaron a los hombres de las mujeres.

Nesma perdió el conocimiento cuando el tercer combatiente la violó. "Cuando recuperé el sentido, ya era de mañana. Salí y uno de los hombres del autobús yacía muerto a tiros en el suelo".

Su relato coincide con el modus operandi de los combatientes de las RSF, a quienes expertos de la ONU acusan de violencia sexual sistemática.

El trauma fue tal que Nesma no se dio cuenta de que estaba embarazada hasta los cinco meses.

No estaba segura de si iba a quedarse con el bebé hasta la víspera de su cesárea.

"No pude dejarlo partir", dijo a la AFP mientras Yaser se acurruca junto a su cuello.

"No es culpa de mi hijo y tampoco es culpa mía", afirmó. "No podía soportar la idea de que él sufriera o terminara con una mala familia".

- Doble injusticia -

La violación se utiliza como arma "de guerra, dominio, destrucción y genocidio" en Sudán "para destruir el tejido de la sociedad y cambiar su composición", declaró a la AFP la relatora especial de la ONU Reem Alsalem.

La ministra sudanesa de Asuntos Sociales, Sulaima Ishaq al Jalifa, afirmó que la gran mayoría de las víctimas que, según ella se cuentan por miles, no denuncian lo que han sufrido y muchos abortos y adopciones tampoco se registran.

En Darfur, solo en una localidad "hay cientos y cientos de chicas, todas violadas, ninguna de las cuales ha ido a una clínica; la mayoría están embarazadas", dijo a la AFP la máxima responsable de la ONU en Sudán, Denise Brown.

La vergüenza que sienten en una sociedad a menudo conservadora duplica la injusticia de lo que se les ha hecho, sostuvo Alsalem, la relatora de la ONU.

"Las familias han abandonado a sus hijas, los maridos se han divorciado de sus esposas que fueron víctimas de violación. Estamos revictimizándolas... y no es culpa de ellas", sostiene.

La mayoría de las familias cría a los niños en secreto pero otras mujeres han sido expulsadas, rechazadas o incluso acusadas de colaborar con las RSF.

En un refugio de paja en la ciudad de Tawila, en Darfur, Hayat, de 20 años, contó a la AFP su historia mientras intentaba que su hijo de cuatro meses se quedara dormido.

Fue violada el año pasado por hombres de las RSF mientras huía del campo de refugiados de Zamzam, cerca de El Fasher, cuando caía en manos de las RSF.

Los paramilitares mataron a más de 1.000 personas en el ataque al campo, que acogía a más de medio millón de personas, y llevaron a cabo una operación de violaciones sistemáticas contra grupos étnicos no árabes, según la ONU.

Combatientes de las RSF difundieron videos en los que afirmaban que violar a mujeres de otros grupos étnicos "honra" su linaje.

- Guerra a las mujeres -

Hayat llegó a Tawila en estado de shock. "Solo quiero un futuro mejor para él. No quiero que crezca como nosotros", contó con su hijo en brazos.

Durante décadas se ha librado una guerra contra el cuerpo de las mujeres en todo Darfur. La violación masiva fue uno de los cargos de crímenes de lesa humanidad imputados a los Janjaweed, las milicias armadas por el gobierno que sembraron el terror en los años 2000 y de las que posteriormente surgieron las RSF.

Halima fue violada por primera vez siendo adolescente por unos pastores. Se repitió mientras huía hacia Zamzam en 2022 y de nuevo cuando escapaba del campo de refugiados.

Ahora, con 23 años, fue "salvada" de tener que gestar a un tercer hijo fruto de una violación gracias a los anticonceptivos de emergencia que le dieron los médicos en Tawila.

La AFP se reunió en Tawila con varias supervivientes de violación que quedaron embarazadas mientras escapaban de la caída de El Fasher, capital de Darfur del Norte, a manos de las RSF en octubre. Los paramilitares mataron allí a por lo menos 6.000 personas en tres días.

Rawia, de 17 años, vio cómo mataban en la calle a la mitad del grupo con el que huía. Después "tres de ellos se llevaron todo lo que teníamos y nos violaron". Ahora está embarazada de cinco meses.

Alia, de 25 años, fue arrastrada de vuelta a El Fasher con otras cuatro chicas y mantenida cautiva durante seis semanas hasta que escaparon "en plena noche". Después sufrió un aborto espontáneo.

Magda, de 22 años, perdió a su marido en un ataque con cohetes y luego vio cómo su hermano era abatido a tiros en la carretera hacia Tawila.

"Cuando me enteré de que estaba embarazada, pensé: 'Si pierdo a este bebé, será otra cosa más que lamentar. Pero si vive, es el destino, lo criaré'", comenta sobre su embarazo, fruto de una violación.

No todas lo viven así.

Algunas llegaron a Gloria Endreo —una matrona de Médicos Sin Fronteras— "sangrando, después de haber intentado abortos inseguros".

En sus dos meses en Tawila ha atendido a cientos de supervivientes, muchas embarazadas como resultado de una violación.

"Algunas no podían decirlo", contó a la AFP. "Algunas de las que dieron a luz, a su pesar, sienten ese resentimiento y desconexión. No pueden mostrar amor ni atención (a sus bebés). Y luego se obliga a estas mujeres a criar a ese niño, un recordatorio constante de lo que les ocurrió".

- "Tanto madre como padre" -

Bajo el calor abrasador de Jartum, el bebé de cinco meses de Fayha duerme plácidamente por la tarde.

"Pero claro me mantiene despierta toda la noche", bromea la madre de 30 años mientras cuenta a la AFP cómo tiene "que ser tanto madre como padre".

Fue violada por un civil mientras uno de sus amigos, un soldado del ejército fuera de servicio pero armado, montaba guardia.

"Estaba aterrada ante la idea de que me disparara", recuerda, con lágrimas en los ojos.

Según la ONU, muchos de los casos de violencia sexual y de abusos contra mujeres detenidas por el ejército no se declaran por miedo a represalias.

Los observadores señalan que no son comparables con la estrategia sistemática de las RSF.

"Las RSF violan para someter a la sociedad, para desplazar y dominar; los soldados del ejército violan porque saben que quedarán impunes", dijo una activista a la AFP bajo condición de anonimato.

Fayha (un nombre ficticio) se enteró de que estaba embarazada al final del primer trimestre y apenas ha dormido desde entonces.

"A veces me enfado con él, llega la hora de amamantar y estoy harta de él. Últimamente he empezado a sentir más instinto maternal. Pero la maternidad en sí es tan dura", comentó.

Fayha, Nesma y un sinfín de mujeres han tenido dificultades para obtener certificados de nacimiento para sus hijos, sin los cuales no pueden recibir atención médica, educación ni servicios sociales.

Legalmente "esto no debería ser un problema", ya que existen "procedimientos de emergencia", según Khalifa, veterana activista convertida en ministra.

Pero las normas sociales conservadoras y el colapso burocrático están fallando a muchas de esas mujeres.

"¿Cuál va a ser el estatus legal de estos niños?", se preguntó Brown, de la ONU. "Es un problema a largo plazo. ¿Cómo serán cuidados por sus familias? ¿Qué efecto tendrá esto en las comunidades?"

- "Este bebé de las RSF" -

Las heridas están especialmente abiertas en el conservador estado de Al Jazira, al sureste de Jartum, donde muchas familias han abandonado sus aldeas para siempre, en un intento de escapar del trauma de las violaciones en grupo, los matrimonios forzados y la esclavitud sexual infligidos por las RSF.

Las chicas de piel más clara —de grupos étnicos distintos a los de los combatientes de las RSF— fueron "solicitadas explícitamente y tratadas como trofeos o botín de guerra", según la coalición de derechos de las mujeres SIHA.

Cuando el ejército reconquistó el centro de Sudán el año pasado, el gobierno relajó las restricciones al aborto, en un aparente intento de mitigar el impacto de la violencia sexual de las RSF.

"Hubo cierta flexibilidad respecto al aborto, pero muchos no lo sabían y había que obtener un permiso. Y, debido al estigma, muchos no lo denunciaban", explicó Alsalem.

No ayudó que Abu Aqla Kaykal, al mando de las RSF en Al Jazira durante gran parte de la violencia, sea ahora uno de los principales comandantes del ejército en la región, tras cambiar de bando con muchos de sus combatientes.

Una voluntaria en Al Jazira contó a la AFP que ayudó a 26 mujeres y niñas a abortar, la mayoría de ellas "después de haber tomado muchos medicamentos muy peligrosos sin supervisión".

Entre las obligadas a llevar el embarazo a término, Jalifa recuerda a una joven de 16 años cuya madre intervino en cuanto nació su nieto.

"Lo tomó en brazos, nos lo entregó y dijo: 'No vamos a llevarnos a casa a este bebé de las RSF'. Su madre nunca lo tuvo en brazos", recuerda.

"Quería borrar todo aquello, como si nunca hubiera pasado", añadió Jalifa, cuyo equipo dio el bebé a una madre de acogida.

Otras familias perdieron tanto a sus hijas como a sus nietos. Muchas mujeres y niñas obligadas a casarse con combatientes de las RSF fueron llevadas con ellos de regreso a Darfur cuando se retiraron.

Las que tenían familias incapaces de pagar rescates siguen cautivas.

En Nyala, capital del estado de Darfur del Sur, "hay decenas de niñas y mujeres cuyos hijos tienen ahora uno o dos años y están atrapadas", señaló Jalifa.

- "Se merece una buena vida" -

Otras mujeres fueron dejadas atrás en Jartum y Al Jazira tras la retirada de las RSF, ya embarazadas o con un niño a cuestas.

"Algunas familias se quedaron con los niños para criarlos", dijo Jalifa, y el desplazamiento provocado por la guerra les ayudó irónicamente a "hacer pasar al bebé por un hermano o un huérfano de guerra acogido por la familia".

Ni siquiera la ministra sabe cuántas adopciones se han producido. Muchas se dan de manera informal, especialmente en el este de Sudán, donde la acogida de niños necesitados es una práctica arraigada.

"Los procedimientos son sencillos", afirmó, dado que el gobierno intenta colocar en familias al mayor número posible de niños abandonados.

Aun así, Alsalem, de la ONU, teme que los niños sean cedidos "con muy poco seguimiento y sin una evaluación rigurosa".

Nesma dijo que nunca pudo soportar la idea de separarse de Yaser, ni siquiera cuando estaba deprimida y privada de sueño en los agotadores primeros meses de maternidad.

Yaser tiene ahora 13 meses y ella solo piensa en cómo conseguir un empleo bien remunerado con su título universitario y ser una buena madre.

"Él se merece una buena vida", afirmó, sujetándole las manos mientras intenta dar sus primeros pasos.

C.Rojas--TFWP